Los empresarios no pueden vivir en una isla

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Por Ana Cristina Dahik Loor
Profesora del área de Entorno Político y Social del IPADE Business School

Una encuesta del 2021 de Gallup, empresa estadounidense de análisis y asesoría con sede en Washington, D.C., fundada por George Gallup, encontró que el 7.1 % de los EE. UU. se identifica como lesbiana, gay, bisexual o transgénero, el doble del porcentaje de 2012 cuando Gallup comenzó a medir la comunidad. Quizás aún más importante, uno de cada cinco miembros de la Generación Z (21 %) ahora se identifica como lesbiana, gay, bisexual o transgénero y este porcentaje casi se ha duplicado en solo 5 años.

En diversos foros del IPADE se ha reflexionado y analizado sobre la importancia y la necesidad de crear condiciones para que distintos miembros y sectores de la sociedad se conviertan en co-creadores de la generación de valor y en co-partícipes de este proceso.

Por ello toma relevancia el concepto de Crecimiento Inclusivo o Inclusive Growth, es decir, aquel que contribuye a mejorar la vida de las personas, que pone al ser humano en el centro y, por tanto, este se siente partícipe de esa creación de riqueza, de ese conocimiento. Así lo transmitió María Inés Martín, representante del Foro Económico Mundial en Ginebra en el marco del Inclusive Growth Summit del IPADE.

En IPADE coincidimos en que se debe convertir en un compromiso de la comunidad empresarial. Un compromiso de generar valor de manera integral y de hacer que las sociedades, las comunidades empresariales y los países sean más prósperos, como un deber de todos; no de unos pocos, no de una cúpula, no de un grupo, sino de una sociedad que se compromete para hacer que más personas vivan una calidad de vida cada vez más humana.

Y dentro de ese compromiso persiste también la necesidad de plantearse objetivos y acuerdos, sobre todo desde la posición en la que se encuentran los empresarios. Si bien el crecimiento inclusivo aprovecha las capacidades de cada actor y los recursos disponibles para transformar realidades.
Por ello, comparto 3 grandes reflexiones que desde el IPADE consideramos pueden contribuir a materializar un crecimiento más inclusivo:

1. Diálogo, compartir experiencias que inviten al call to action y es justamente ahí donde buscamos hacer una contribución a través del diálogo, queremos un call to action. Deseamos que los empresarios puedan ser luz e inspiren a más personas con la idea de tener empresas competitivas, innovadoras, rentables, y que sean, a la vez, fuente de generación de más oportunidades.

2. Pensar en nuevas formas de incluir el crecimiento inclusivo es una plataforma para pensar en formas distintas de hacer las cosas, de hacer empresa, de innovar, debe llevarnos a pensar en cómo exigirnos más. Aprovechar las capacidades de cada actor y los recursos disponibles para transformar realidades.

3. Resaltar la importancia de la formación continua de la comunidad empresarial la relevancia que
tiene para la comunidad empresarial el continuar formándose en las distintas dimensiones de su
quehacer como empresarias y empresarios.

De ahí que se vuelve relevante seguir fomentando espacios de diversas índoles para continuar con la conversación en torno a la formación y relevancia de estos temas ya que esta reorganización de pensamiento nos fuerza a exigirnos más desde la misma vocación empresarial.


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