Estudios recientes advierten que los recortes generalizados al financiamiento de salud podrían provocar un aumento significativo en la mortalidad infantil. Después de décadas de progreso sostenido que llevaron a una caída constante en las muertes de niños menores de cinco años, los ajustes presupuestales y la reducción de inversión amenazan con revertir estos logros.
Según el análisis, la disminución de recursos destinados a sistemas sanitarios y programas de salud pública implica menor acceso a atención médica, vacunación, nutrición y cuidados preventivos esenciales. En un contexto donde las enfermedades prevenibles podrían reaparecer con fuerza, la falta de cobertura médica pone especialmente en riesgo a los niños en situación de vulnerabilidad.
Cómo los recortes activan un riesgo creciente
- Los recortes en salud afectan directamente los servicios básicos como vacunación, controles prenatales, atención neonatal y programas contra enfermedades infantiles.
- En países con sistemas de salud frágiles o dependencia de ayuda internacional, la reducción de fondos compromete el sostenimiento de clínicas, la compra de medicamentos y la provisión de insumos médicos.
- El efecto acumulado: sin acceso constante a servicios básicos, aumenta la susceptibilidad a enfermedades infecciosas, desnutrición, complicaciones en el parto y otras causas prevenibles de mortalidad infantil.
Diversos expertos coinciden en que si los recortes alcanzan niveles considerables —por ejemplo, reducciones del 25 % a 30 % en la ayuda internacional y en los presupuestos de salud pública—, la consecuencia podría ser dramática: millones de niños adicionales podrían morir antes de los cinco años en los próximos años.
Crisis global invertida: un retroceso tras décadas de avances
La mortalidad infantil había registrado una tendencia de descenso sostenido en las últimas décadas, gracias a mejoras en salud pública, campañas de vacunación, saneamiento, acceso al agua segura y programas de nutrición infantil. Sin embargo, la atenuación o cancelación de estos programas amenaza con revertir esos avances y generar un aumento global de muertes infantiles por causas prevenibles.
Este escenario no es una proyección lejana: algunos reportes recientes indican que en 2025 se podría experimentar un repunte de muertes infantiles, algo que no ocurría desde hace más de 25 años.
¿Qué se puede hacer para evitarlo?
Para frenar este retroceso, especialistas plantean varias acciones urgentes:
- Priorizar el financiamiento público y privado hacia servicios de salud esenciales y programas preventivos, especialmente en regiones vulnerables.
- Garantizar el acceso universal a vacunas, controles de embarazo, atención neonatal y servicios pediátricos básicos.
- Fortalecer los sistemas de salud primaria con recursos, infraestructura y personal capacitado.
- Asegurar continuidad en la ayuda internacional y en la cooperación para salud cuando sea necesaria.
- Promover la colaboración entre gobiernos, sector privado y sociedad civil para proteger a las poblaciones más expuestas: niños, mujeres embarazadas y comunidades marginadas.
Conclusión: una advertencia urgente
El retroceso en la inversión sanitaria no es un costo neutro: su impacto recae en los más vulnerables. Los recortes en salud aumentan el riesgo de mortalidad infantil y atentan contra décadas de avances sociales. Si no se actúa con rapidez, el peligro no será teórico: será real —y pagado con vidas. Es imprescindible priorizar la salud pública con urgencia, proteger los servicios esenciales y asegurar que ningún recorte signifique la pérdida de oportunidades para una infancia sana y un futuro digno.



