El valor económico invisible del trabajo no remunerado que realizan las mujeres

Mujeres

El trabajo no remunerado que realizan las mujeres sostiene una parte esencial de la economía, aunque rara vez se refleje en cifras oficiales o en políticas públicas. Actividades como el cuidado de personas, las tareas domésticas y el apoyo comunitario representan una aportación económica de gran magnitud que, al no tener un salario asociado, permanece invisibilizada en los sistemas productivos.

En México, las mujeres concentran la mayor parte de este trabajo. Desde el cuidado de niñas, niños, personas mayores o con discapacidad, hasta la preparación de alimentos, la limpieza del hogar y la gestión cotidiana de la vida familiar, estas labores permiten que el resto de la economía funcione. Sin embargo, su valor no se contabiliza de manera directa en el Producto Interno Bruto ni en los ingresos personales.

Una aportación que equivale a billones de pesos

Si el trabajo no remunerado se midiera como cualquier otra actividad económica, su contribución sería equivalente a varios billones de pesos anuales. Diversas estimaciones coinciden en que estas tareas representarían alrededor de una cuarta parte del PIB nacional, superando incluso a sectores estratégicos como la manufactura, el comercio o la construcción.

La mayor parte de esta aportación proviene del tiempo que las mujeres dedican diariamente a labores domésticas y de cuidado. En promedio, ellas destinan más del doble de horas que los hombres a este tipo de actividades, lo que genera una desigualdad estructural en el uso del tiempo y limita su acceso a empleo remunerado, educación continua y oportunidades de desarrollo profesional.

Desigualdad económica y brecha de género

La carga desproporcionada del trabajo no remunerado tiene efectos directos en la autonomía económica de las mujeres. Al dedicar más horas a estas tareas, muchas reducen su jornada laboral, aceptan empleos informales o abandonan el mercado de trabajo, lo que impacta en sus ingresos, su seguridad social y sus pensiones futuras.

Esta realidad también explica parte de la brecha salarial y de participación laboral entre hombres y mujeres. No se trata únicamente de diferencias en salarios, sino de un sistema que descansa en un volumen de trabajo invisible que no se distribuye de manera equitativa ni se reconoce económicamente.

Impacto social más allá del hogar

El trabajo no remunerado no solo beneficia a las familias, sino a la sociedad en su conjunto. Sin estas labores, los sistemas de salud, educación y cuidado enfrentarían una presión insostenible. En muchos casos, las mujeres suplen con su tiempo y esfuerzo la falta de servicios públicos suficientes, especialmente en contextos de desigualdad social.

Durante crisis económicas, sanitarias o sociales, esta carga tiende a aumentar. Las mujeres absorben una mayor responsabilidad en el cuidado y la atención, lo que profundiza las brechas existentes y retrasa la recuperación económica.

Reconocer, redistribuir y reducir

El debate actual no se centra únicamente en cuantificar este trabajo, sino en transformarlo. Reconocer su valor es el primer paso para redistribuirlo de manera más equitativa entre hombres, Estado, sector privado y comunidad. También implica reducir su carga mediante políticas públicas como servicios de cuidado accesibles, horarios laborales flexibles y sistemas de protección social que contemplen estas realidades.

Visibilizar el aporte económico del trabajo no remunerado realizado por las mujeres es clave para avanzar hacia modelos de desarrollo más justos. Mientras este esfuerzo siga siendo invisible, la desigualdad seguirá reproduciéndose. Reconocerlo no es solo una cuestión económica, sino una decisión social y política que impacta directamente en el bienestar y el futuro del país.

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