Un reciente informe elaborado por científicos de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH) señala que el planeta ya no se encuentra simplemente en una “crisis del agua”, sino en una situación de quiebra hídrica global. Este término describe un estado en el que muchos sistemas de agua —como acuíferos, ríos, lagos y humedales— han sido utilizados y degradados más allá de su capacidad para recuperarse, lo que tiene implicaciones profundas para sociedades, economías y ecosistemas.
Según el informe, décadas de sobreexplotación, contaminación, cambio climático y mala gestión han empujado a numerosas regiones a usar más agua de la que se renueva de manera natural, agotando las reservas que tradicionalmente actuaban como “ahorros” hídricos. Esto ha llevado a que zonas enteras del mundo dependan de recursos que ya no pueden sostener la demanda actual, marcando un punto de no retorno en muchos casos.
Escasez crónica y daños irreversibles
El informe destaca que la condición de quiebra hídrica no se limita a períodos temporales de escasez, sino que representa una nueva realidad crónica. Muchas cuencas y fuentes de agua están perdiendo su capacidad de volver a “niveles normales” aunque mejoren las condiciones climáticas o reduzca el consumo. Esto significa que fenómenos como la disminución de glaciares, la pérdida de humedales o la sobreextracción de agua subterránea están produciendo daños que no pueden revertirse fácilmente.
La situación ya afecta a miles de millones de personas en distintas partes del mundo, con una gran proporción viviendo en países donde el acceso al agua es inseguro o insuficiente durante parte del año. Esta escasez proveniente de reservas agotadas o degradadas plantea retos adicionales para la agricultura, la industria, la generación de energía y la vida cotidiana, pues el agua dulce es un insumo esencial en todos estos ámbitos.
Más allá de la “crisis”: un nuevo enfoque
Los autores del reporte señalan que el lenguaje de “crisis” ya no describe adecuadamente la magnitud del problema y proponen un cambio de paradigma hacia lo que llaman “gestión de quiebra hídrica”. Esto implica reconocer que no todos los sistemas de agua pueden ser restaurados a condiciones históricas y que será necesario gestionar los recursos restantes de forma más realista, eficiente y equitativa.
Para enfrentar esta nueva realidad, el informe plantea acciones de política pública y cooperación internacional, incluidos cambios en el uso del agua en agricultura (que consume la mayor parte del agua dulce disponible), mejores prácticas de manejo urbano e industrial, así como inversiones en infraestructura y protección de los ecosistemas que generan y almacenan agua.
Impactos sociales y ecológicos
La quiebra hídrica global no solo es un problema ambiental, sino también un desafío social y económico. Los sectores más vulnerables —como agricultores de pequeña escala, comunidades rurales e indígenas, mujeres y poblaciones de bajos ingresos— enfrentan mayores riesgos ante la escasez persistente de agua. El acceso limitado o inestable puede afectar la seguridad alimentaria, la salud pública, la educación y el desarrollo económico en general.
Un llamado a la acción
El informe se publicó en un momento clave, previo a reuniones internacionales sobre el agua que buscan consolidar nuevas estrategias globales de gestión hídrica. Los expertos advierten que aunque la situación es grave, no es completamente irreversible si se implementan políticas innovadoras, cooperación entre países y un enfoque que integre ciencia, gestión ambiental y justicia social.
La declaración de quiebra hídrica global representa una llamada de atención urgente sobre la necesidad de cambiar la forma en que se valora, administra y comparte uno de los recursos más esenciales para la vida y el desarrollo humano.



