La elección de Turquía como sede de la COP31, la próxima Conferencia de las Partes sobre cambio climático, ha generado debate dentro de la comunidad internacional de sostenibilidad. El país anfitrión figura actualmente como el peor evaluado en desarrollo sostenible entre 35 naciones europeas, según un análisis de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU (SDSN).
La designación resulta paradójica porque estas cumbres climáticas suelen asociarse con liderazgo ambiental y coherencia política. Sin embargo, Turquía presenta rezagos importantes en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), lo que abre cuestionamientos sobre el simbolismo de la decisión.
Rezagos en sostenibilidad y acción climática
El informe de la SDSN señala que Turquía enfrenta grandes desafíos en prácticamente todos los ODS, incluyendo protección ambiental, reducción de desigualdades, desarrollo urbano sostenible y generación de empleo de calidad.
Particularmente crítico es el desempeño en acción climática, donde el progreso del país ha retrocedido en los últimos años. Este punto adquiere mayor relevancia considerando que la COP31 será el espacio donde se discutirán medidas globales para mitigar y adaptarse al cambio climático.
Alta dependencia de combustibles fósiles
Otro factor que alimenta las críticas es la estructura energética del país. Aproximadamente el 75 % de la matriz energética turca depende de combustibles fósiles —carbón, petróleo y gas— y las emisiones relacionadas con energía casi se han duplicado desde el año 2000.
En el marco del Acuerdo de París, Turquía se comprometió a reducir en 41 % sus emisiones para 2030, pero bajo un escenario de crecimiento “sin cambios”, lo que implica que las emisiones podrían seguir aumentando hasta 2038 antes de comenzar a disminuir.
Una cumbre con liderazgo compartido
La COP31 se celebrará en Antalya, bajo un esquema de coorganización entre Turquía y Australia, siendo este último país quien asumirá la presidencia formal del encuentro. Además, se planea un evento previo en el Pacífico para facilitar la participación de pequeños estados insulares.
Debate sobre coherencia climática
La elección de Turquía refleja una tensión frecuente en la gobernanza climática global: equilibrar representación geopolítica con coherencia ambiental. Algunos analistas interpretan la decisión como un intento de integrar a economías rezagadas en la agenda climática, mientras que otros advierten que podría debilitar la credibilidad de las cumbres internacionales si el país anfitrión no muestra avances claros en sostenibilidad.
En un contexto donde el cumplimiento de la Agenda 2030 enfrenta retrasos en varias regiones del mundo, la COP31 será observada no solo por los acuerdos que logre, sino por su capacidad de reafirmar la confianza en la cooperación climática internacional.



