Por Roberto Orozco Pérez
Las regiones transfronterizas representan áreas que generalmente están expuestas a grandes presiones de afectación ambiental, bajo esa óptica y considerando que la frontera entre Estados Unidos y México es una de las más grandes en el mundo, en esa misma medida se convierte nuestra frontera con el vecino del norte en una de las más complicadas en el aspecto del cuidado al Medio Ambiente.
La contaminación no conoce fronteras y la cooperación internacional para solucionarla tampoco debería de conocerlas. La contaminación transfronteriza es entonces un problema compartido.
Ejemplos de contaminación transfronteriza
Varios ejemplos del mundo real demuestran el impacto de la contaminación transfronteriza:
Lluvia ácida: La lluvia ácida, que se origina a partir de las emisiones industriales de un país, puede dañar los bosques y los ecosistemas acuáticos de los países vecinos.
Contaminación de los ríos: Los desechos industriales o agrícolas vertidos en un río pueden contaminar los suministros de agua y dañar la vida acuática río abajo en otro país.
Contaminación del aire: Los contaminantes transportados por el aire, como las partículas procedentes de las emisiones de los vehículos o de las actividades industriales, pueden viajar largas distancias y afectar la calidad del aire en otros países.
Es tan complejo el asunto que además de estos aspectos que afectan particularmente al Medio Ambiente, también puede ser factor de tensión social y política, ya que los países afectados pueden exigir indemnizaciones o medidas más rigurosas de control de la contaminación al país de origen. Esto puede generar tensiones diplomáticas y disputas legales, lo que dificulta aún más la búsqueda de soluciones colaborativas.
En este sentido ni México ni Estados Unidos pueden salir indemnes en cuanto a cómo han tratado su relación mutua en el aspecto Medio Ambiental, pongamos dos ejemplos que lo ilustran y comencemos con México hacia Estados Unidos.
La importación que Estados Unidos no quiere, en ninguna circunstancia,
las aguas residuales
Históricamente Estados Unidos ha tenido un problema con las aguas residuales que fluyen de México hacia el sur de California, pero en los últimos años la situación se ha agravado. Imperial Beach, otrora un centro surfista y turístico del sur de California, se ha convertido en uno de los peores desastres ambientales del país ya que cada día, 189 millones de litros de aguas residuales sin tratar, productos químicos industriales y basura fluyen desde Tijuana, México, hasta el sur del condado de San Diego. El problema se ha agudizado a medida que la población de Tijuana se ha disparado y las plantas de tratamiento de aguas residuales de ambos países se han ido deteriorando. En la década de 1990, en un acto de cooperación binacional, Estados Unidos construyó una planta en su lado de la frontera para ayudar a tratar las aguas residuales de Tijuana, que a menudo llegaban a las playas de San Diego a través de las corrientes hacia el norte procedentes de México. Al mismo tiempo, México estableció también una planta en Tijuana.
Pero esas plantas no han seguido el ritmo del explosivo crecimiento demográfico de Tijuana, una de las ciudades de más rápido crecimiento de México. Unos 2,3 millones de personas viven ahora en la ciudad, este crecimiento poblacional se ha generado en parte por las empresas estadounidenses que construyeron fábricas allí para obtener mano de obra barata -esto demuestra fehacientemente como todo está conectado-.
“Es una bomba de tiempo para la salud pública que no se está tomando en serio”, necesitamos ayuda”. Paloma Aguirre, alcaldesa de Imperial Beach.
Colonialismo plástico en contra de México
Es un hecho que Estados unidos está aumentando sus exportaciones de basura plástica hacia México.
La compañía estadounidense Direct Pack Recycling ha establecido una nueva planta de recuperación/reciclaje de PET en Mexicali, Baja California para la fabricación de pellets y empaques termoformados (vasos, tapas, bandejas), financiado por la coalición The Recycling Partnership, lo que claramente significa la intensificación del colonialismo a través de la basura plástica que llega de Estados Unidos a México.
Además del aumento del 121 % de las exportaciones de desechos plásticos sucios y contaminados de Estados Unidos a México, a partir del cierre de las fronteras de China en 2019, ahora nos trasladan plantas de “reciclaje” con una tecnología que ya no es aceptada en Estados Unidos por su inviabilidad económica, excesivo gasto de agua y alto impacto ambiental. Además, dichos plásticos son para surtir principalmente a sus clientes de Estados Unidos.
No hay datos actuales precisos sobre la cantidad de agua disponible para los 1.2 millones de habitantes de Mexicali, pero por las interrupciones en el suministro de este líquido, puede ser inferior a la cantidad mínima recomendada por la Organización Mundial de la Salud de 100 litros al día por persona. Tomando esta base de uso per cápita, la planta de reciclaje de PET en Mexicali podría usar el agua que requieren 5,392 personas al día.1
Los países y sus gobiernos deben de tomar con urgencia las acciones necesarias para resolver problemas como los anteriores, debemos de estar enfocados todos sin politizar los problemas medio ambientales ya que eso no abona en nada a una solución y muy al contrario, enreda, complica y tensiona las relaciones ya de por si complicadas entre ambos países.
Referencias
1-www.greenpeace.org/mexico/informacion-prensa/51869/eua-intensifica-el-colonialismo-de-basura-plastica-en-mexico-aumentan-sus-exportaciones-de-desechos-plasticos-y-trasladan-tecnologias-sucias/



