Un estudio reciente advierte que una de cada tres personas en el planeta vive actualmente en zonas donde el calor extremo limita la actividad humana, afectando la posibilidad de trabajar o realizar tareas al aire libre sin riesgo para la salud. La investigación analiza cómo el aumento global de temperaturas está cambiando los límites fisiológicos del cuerpo humano para realizar actividades cotidianas.
El análisis, liderado por científicos de The Nature Conservancy y publicado en la revista Environmental Research: Health, revisó siete décadas de datos sobre temperatura, población y desarrollo humano. Los resultados muestran que cada vez más regiones enfrentan condiciones climáticas que reducen el tiempo seguro para trabajar o realizar actividades físicas durante las horas más cálidas del día.
Los investigadores utilizaron una unidad metabólica llamada MET, que mide el gasto energético del cuerpo humano. En condiciones normales, una persona menor de 65 años puede realizar actividades moderadas —como caminar o barrer— sin riesgo térmico. Sin embargo, cuando el calor es extremo, el nivel seguro de actividad cae drásticamente, obligando a limitar el esfuerzo físico a tareas muy ligeras o incluso a permanecer en reposo.
Adultos mayores, el grupo más vulnerable
El impacto del calor extremo es especialmente grave para las personas mayores de 65 años, cuyo organismo tiene menor capacidad para regular la temperatura corporal. Según el estudio, este grupo enfrenta actualmente alrededor de 900 horas al año en las que el calor limita severamente la actividad segura, frente a unas 600 horas registradas en 1950.
Esto equivale a más de un mes completo de horas diurnas al año en las que las personas mayores no pueden realizar actividades normales al aire libre sin poner en riesgo su salud.
Desigualdad climática en el impacto del calor
Aunque el aumento de temperaturas es un fenómeno global, sus efectos no se distribuyen de manera uniforme. Las regiones con menores ingresos enfrentan mayores riesgos, especialmente en zonas del suroeste de Asia, el sur de Asia y África occidental, donde el calor puede limitar las actividades al aire libre durante un cuarto o incluso un tercio del año.
Para los especialistas, el fenómeno demuestra que el calor extremo ya no es solo un problema ambiental. También representa un desafío sanitario, económico y social, que exige medidas como sistemas de alerta temprana, infraestructura de enfriamiento urbano y protección para trabajadores expuestos al clima extremo.



