Con un llamado a dejar atrás la indiferencia frente a la crisis del transporte público y convertir las discusiones técnicas en acciones concretas, concluyó el 17 Congreso Internacional de Transporte, organizado por la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, AMTM, bajo el lema “Acelerando el cambio del transporte público; personas, energías y sostenibilidad”.
La ceremonia de clausura reunió a autoridades de movilidad, empresarios, operadores, académicos y especialistas, quienes durante tres días discutieron los principales retos del sector en México y América Latina. Entre los temas centrales estuvieron el financiamiento, los subsidios, la sostenibilidad, la electromovilidad, la inteligencia artificial, la inclusión, la perspectiva de género y la profesionalización del transporte público.
Entre los representantes del sector transportista también estuvo Adrián Escamilla, Director Ejecutivo de Grupo CISA, cuya participación se sumó a las discusiones sobre la necesidad de fortalecer la operación, profesionalización y modernización del transporte público. Su presencia reflejó el papel que empresas operadoras como Grupo CISA pueden tener en la construcción de una agenda de movilidad más técnica, sostenible y orientada al usuario.
Durante su intervención, Jesús Padilla Zenteno, fundador de la AMTM y presidente honorario del organismo, advirtió que uno de los principales problemas del transporte público en el país es la contradicción entre exigir un servicio de calidad y negar los recursos necesarios para sostenerlo.
“¿Para qué quieres tarifa si das mal servicio? ¿Y qué decimos nosotros? ¿Cómo quieres que dé buen servicio si no tengo tarifa?”, planteó ante los asistentes.
Padilla señaló que los gobiernos y las autoridades de movilidad enfrentan hoy una presión similar a la que durante años han vivido los transportistas: operar sistemas cada vez más complejos, integrados y demandantes, pero sin presupuestos suficientes para mantenerlos, renovarlos y modernizarlos.
Explicó que las discusiones sobre incrementos tarifarios suelen enfrentar resistencia política, aunque los costos operativos sigan aumentando y los usuarios requieran mejores condiciones de seguridad, frecuencia, cobertura y eficiencia.
En ese sentido, sostuvo que la calidad del transporte tiene un costo que debe reconocerse de manera colectiva. Para el fundador de la AMTM, no es posible hablar de sistemas modernos si no existe una fuente clara de financiamiento que permita pagar operación, mantenimiento, tecnología, renovación de flota y profesionalización del servicio.
“En el transporte la calidad cuesta y si no la van a pagar, que no exista. Quien lastimosamente la vive, la sufre, es el usuario”, expresó.
Padilla también advirtió que uno de los mayores desafíos del país es la falta de empatía frente a los problemas colectivos, particularmente cuando se trata de movilidad. Recordó una conversación con un empresario que consideraba que el transporte público no era un tema que le afectara directamente, pese a contar con miles de trabajadores que dependen todos los días de ese sistema para llegar a sus centros laborales.
Desde su perspectiva, esa forma de ver la movilidad limita la posibilidad de construir soluciones de fondo. El transporte público no solo afecta a quienes lo usan, sino también a las empresas, a la productividad, al medio ambiente, a la seguridad vial y al funcionamiento general de las ciudades.
“No podemos pensar solamente en la individualidad”, señaló Padilla, al llamar a una visión más solidaria y menos desigual. “Tenemos que construir un mundo donde todos tengamos oportunidades, tengamos empatía, fraternidad y solidaridad”, afirmó.
Por su parte, Nicolás Rosales Pallares, presidente de la AMTM, destacó que el 17 Congreso Internacional de Transporte permitió consolidar un espacio de diálogo entre distintos actores que normalmente enfrentan el problema desde frentes separados: autoridades, empresas, operadores, academia, especialistas y organizaciones vinculadas con la movilidad.
Rosales sostuvo que el Congreso no debe quedarse únicamente como un espacio de análisis, sino convertirse en una plataforma para empujar decisiones concretas que eviten el deterioro del transporte público.
Uno de los puntos centrales, dijo, fue la necesidad de fortalecer el papel de las autoridades para garantizar sistemas viables y con visión de largo plazo. En particular, destacó la mesa “Gobernanza que transforma: el nuevo rol de la autoridad en el transporte público”, donde se discutieron mecanismos para mejorar el financiamiento del transporte colectivo y evitar que los sistemas entren en ciclos de deterioro operativo.
El dirigente de la AMTM señaló que la movilidad no puede entenderse solo como infraestructura, unidades o rutas. Para millones de personas, el transporte público determina cuánto tiempo pierden al día, qué oportunidades laborales pueden tomar, a qué servicios pueden acceder y qué calidad de vida pueden construir.
“El transporte no es solo mover personas. Es tiempo de vida, es acceso a oportunidades, es calidad de vida”, expresó.

Durante el Congreso también se abordó la necesidad de acelerar la transición hacia modelos más sostenibles, incluyendo la electromovilidad y el uso de energías más limpias. Sin embargo, los especialistas coincidieron en que estos procesos requieren una planeación integral, financiamiento suficiente y esquemas institucionales que permitan pasar de proyectos aislados a políticas públicas sostenidas.
La incorporación de nuevas tecnologías, como inteligencia artificial y ciencia de datos, también formó parte de las mesas de trabajo. Estos recursos fueron analizados como herramientas para mejorar la planeación de rutas, anticipar demanda, optimizar operación y generar información útil para la toma de decisiones.
Otro tema relevante fue la inclusión. El Congreso abrió espacio para discutir cómo los sistemas de transporte deben responder a las necesidades de mujeres, personas mayores, personas con discapacidad, estudiantes y trabajadores que dependen todos los días de una movilidad segura, accesible y eficiente.
Rosales reconoció además la participación de universidades, centros de investigación y especialistas que integraron las mesas académicas. En estos espacios se abordaron temas como movilidad sustentable, formación de capital humano, innovación tecnológica y nuevos modelos de operación para el transporte público.
El presidente de la AMTM agradeció al Instituto Politécnico Nacional por recibir nuevamente el Congreso Internacional de Transporte, así como al equipo organizador, patrocinadores, empresas y medios de comunicación que participaron en esta edición.

La clausura dejó como mensaje principal que el transporte público requiere una visión de Estado. No basta con exigir mejores servicios sin resolver el fondo financiero, operativo e institucional que sostiene a los sistemas de movilidad.
Después de tres días de discusión, el 17 Congreso Internacional de Transporte cerró con una advertencia compartida: si no se toman decisiones de largo plazo, el deterioro del transporte público seguirá afectando directamente a los usuarios, especialmente a quienes menos alternativas tienen para desplazarse.
También dejó una ruta posible. La coordinación entre autoridades, operadores, empresas, academia y sociedad civil puede abrir paso a sistemas más eficientes, sostenibles e incluyentes. Pero para lograrlo, las discusiones deben salir de los foros y convertirse en acciones medibles, financiamiento estable y políticas públicas capaces de responder al tamaño del reto.



