Presionan a la OMS para reconocer la crisis climática como emergencia sanitaria mundial

Expertos internacionales pidieron a la Organización Mundial de la Salud reconocer formalmente la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial, ante el aumento de olas de calor, enfermedades infecciosas, contaminación del aire y daños a los sistemas de salud. La solicitud fue impulsada por una comisión paneuropea independiente sobre clima y salud convocada por la OMS, que advierte que millones de personas podrían morir innecesariamente si no se acelera la respuesta global.

El planteamiento surge en un momento en que el cambio climático ya no puede entenderse solo como un problema ambiental o energético. Sus efectos están impactando directamente la salud humana, desde el incremento de muertes asociadas al calor extremo hasta la expansión de enfermedades como dengue y chikungunya hacia regiones donde antes los mosquitos transmisores no sobrevivían.

La comisión propone que la OMS declare la crisis climática como una “emergencia de salud pública de interés internacional”, conocida como PHEIC por sus siglas en inglés. Este es el nivel más alto de alerta sanitaria global y ha sido utilizado en crisis como la COVID-19, el mpox y otras emergencias con riesgo transfronterizo.

Aunque una declaratoria de este tipo no resolvería por sí sola el cambio climático, sí podría activar mecanismos de cooperación internacional, financiamiento y coordinación entre gobiernos. El objetivo sería acelerar medidas de prevención, adaptación y respuesta sanitaria frente a una amenaza que ya afecta a comunidades de distintas regiones.

Katrín Jakobsdóttir, expresidenta de Islandia y presidenta de la comisión, ha señalado que la crisis climática quizá no sea una pandemia, pero sí representa una emergencia de salud pública que pone en riesgo la supervivencia humana. Para los especialistas, la diferencia entre actuar ahora o retrasar decisiones puede traducirse en millones de vidas afectadas.

Los impactos sanitarios ya son visibles. El aumento de temperaturas favorece la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, mientras que las olas de calor prolongadas elevan el riesgo de muertes prematuras, complicaciones cardiovasculares, problemas respiratorios y afectaciones en poblaciones vulnerables.

A esto se suman incendios forestales, inundaciones, sequías y mala calidad del aire, fenómenos que presionan los servicios médicos y deterioran la salud de las personas. El informe también advierte sobre efectos menos visibles, como nacimientos prematuros, desnutrición vinculada con inseguridad alimentaria y afectaciones psicológicas derivadas de eventos climáticos extremos.

Uno de los puntos más duros del informe se dirige a los subsidios a combustibles fósiles. De acuerdo con los expertos, Europa destina alrededor de 444 mil millones de euros anuales a apoyar la producción de petróleo y gas, industrias relacionadas con contaminación, emisiones y muertes prematuras.

La contradicción es evidente: mientras los gobiernos destinan recursos públicos a sectores que agravan la crisis climática, los sistemas de salud enfrentan mayores costos por enfermedades asociadas a la contaminación, el calor extremo y los desastres climáticos.

La desinformación también aparece como un reto central. Para la comisión, muchas personas siguen viendo el cambio climático como un problema lejano o futuro, cuando sus consecuencias ya están presentes en hospitales, comunidades y sistemas alimentarios.

Reconocer la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial permitiría comunicar el problema desde una perspectiva más cercana a la vida diaria. Aire limpio, transporte activo, viviendas eficientes y alimentación sostenible no solo ayudan a reducir emisiones; también mejoran la salud de forma inmediata.

El informe también advierte que muchos sistemas sanitarios no están preparados para un planeta más extremo. Hospitales construidos antes de la actual frecuencia de olas de calor o lluvias torrenciales pueden enfrentar dificultades para operar en condiciones seguras, especialmente si están ubicados en zonas inundables o tienen baja eficiencia energética.

La adaptación de la infraestructura sanitaria será clave. Los centros de salud deberán prepararse para nuevas amenazas epidemiológicas, climáticas y sociales, al mismo tiempo que reducen su propia huella ambiental.

El sector salud, además, forma parte del problema. Según el informe citado por ExpokNews, representa cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Esto obliga a repensar hospitales, clínicas, cadenas de suministro, consumo energético y modelos de atención médica.

Hans Kluge, director regional de la OMS para Europa, ha planteado que actuar frente al cambio climático ya no es únicamente un asunto ambiental, sino también una decisión económica, de seguridad y de salud pública.

La presión sobre la OMS refleja un cambio de fondo en la conversación climática. El debate ya no se centra solo en proteger ecosistemas o reducir emisiones, sino en preservar vidas humanas frente a amenazas que ya están modificando la salud, la economía y la estabilidad de las comunidades.

El reconocimiento formal como emergencia sanitaria mundial podría marcar un punto de inflexión. No sustituiría las políticas climáticas, pero sí enviaría una señal política y científica clara: la crisis climática ya está enfermando y matando personas, y su atención requiere una respuesta coordinada al nivel de otras grandes emergencias globales.

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