- El 69% de las 100 empresas más grandes de América Latina reporta información sobre sostenibilidad
- El 61% de los inversionistas creen que las empresas deberían de incrementar su inversión en compañías que muestran datos de sostenibilidad
- La cadena de suministro responsable integra eficiencia, trazabilidad y gestión de riesgos para asegurar la continuidad operativa y fortalecer la confianza entre proveedores y clientes.
La sostenibilidad dejó de ser un criterio aislado para convertirse en un componente de la estrategia empresarial. El crecimiento de los reportes sobre factores ambientales, sociales y de gobernanza refleja una mayor exigencia de transparencia por parte de inversionistas, clientes y otros grupos de interés. Esta evolución también modifica la relación entre empresas y proveedores industriales. El desempeño ya no se mide únicamente por costos, tiempos de entrega o cumplimiento de especificaciones. La capacidad para anticipar riesgos, generar información confiable y mantener la continuidad operativa adquiere un peso cada vez mayor.
En este contexto, la sostenibilidad comienza a evaluarse por su impacto sobre variables concretas del negocio. El PwC Global Investor Survey 2025 señala que 84% de los inversionistas considera que las empresas deberían mantener o aumentar su inversión en adaptación climática, mientras que 61% estaría dispuesto a incrementar su inversión en compañías que utilizan datos de sostenibilidad para mejorar su eficiencia y desempeño. La tendencia apunta hacia una gestión en la que los criterios ambientales y sociales se vinculan con la capacidad de las organizaciones para operar, responder ante riesgos y generar valor.
Un ejemplo de esta evolución se encuentra en la incorporación de métricas de desempeño a la gestión cotidiana. KOPRIMO, empresa mexicana con más de 45 años de experiencia en la comercialización de materias primas para la industria, redujo durante 2025 56% las inconformidades de sus clientes y alcanzó un índice de 1.5 incidencias por cada mil facturas emitidas. En ese mismo periodo, su plantilla laboral creció 27% respecto a 2021.
Más allá de los resultados particulares, este tipo de mediciones muestra cómo el seguimiento sistemático de la operación puede contribuir a identificar áreas de mejora, fortalecer la atención a clientes y establecer procesos más consistentes conforme una organización crece.
“La relación entre proveedores y clientes está cambiando. Ya no basta con cumplir una especificación o una fecha de entrega; también es necesario contar con procesos que permitan responder ante riesgos, mantener la calidad y ofrecer información confiable. La responsabilidad forma parte de la confiabilidad de una empresa”, afirmó Alejandro Prieto Huesca, director general de KOPRIMO.
La dimensión financiera de estos riesgos también es evidente. De acuerdo con una investigación de Sphera publicada en 2026, 44.5% de las organizaciones encuestadas reportó pérdidas anuales de entre 3% y 4% de sus ingresos por disrupciones en la cadena de suministro durante los últimos tres años, con una pérdida promedio anual de 2.4%. La interrupción de un proveedor puede trasladarse a inventarios, producción, costos y niveles de servicio, por lo que detectar una desviación antes de que escale adquiere un valor estratégico.
En logística, esto supone pasar de una visión concentrada en el movimiento de mercancías a una gestión que también considere la continuidad de las operaciones. Retrasos, fallas de calidad, falta de información o incumplimientos de un proveedor pueden afectar a distintos eslabones y generar efectos que van más allá del punto donde se originó el problema.
La trazabilidad adquiere, por ello, un papel central. Conocer el recorrido de los productos, identificar puntos críticos y disponer de información oportuna facilita la detección de desviaciones y permite tomar decisiones con mayor rapidez. Los indicadores de calidad y los mecanismos de gestión de riesgos complementan esta capacidad al ofrecer señales tempranas sobre posibles afectaciones.
La responsabilidad, además, incorpora factores relacionados con las personas y la forma en que opera una organización. Condiciones laborales, seguridad, desarrollo del talento, ética, transparencia y cumplimiento forman parte de una evaluación más amplia que puede determinar la solidez de las relaciones comerciales a largo plazo.
“Una cadena de suministro responsable requiere eficiencia, trazabilidad y capacidad de respuesta. Los indicadores permiten identificar oportunidades de mejora y tomar decisiones con mayor certeza, tanto para el proveedor como para sus clientes”, señaló Prieto Huesca.
La convergencia entre logística, sostenibilidad y gestión de riesgos está estableciendo un nuevo estándar para los proveedores industriales. La competitividad ya no depende únicamente de entregar a tiempo y con la calidad esperada, sino de mantener la continuidad operativa, anticipar riesgos, generar información confiable y construir relaciones capaces de responder ante un entorno cada vez más complejo.



