Una cuarta parte de la población mundial —más de 2 mil millones de personas— vive a menos de cinco kilómetros de un proyecto activo de combustibles fósiles (petróleo, gas o carbón), lo que pone en riesgo su salud y entorno. Estos datos provienen de un informe conjunto de Amnistía Internacional y el Better Planet Laboratory, que mapeó más de 18 300 instalaciones en 170 países.
Zonas de sacrificio: dónde la salud paga el precio
Cerca de 463 millones de personas, incluyendo 124 millones de niños, viven a menos de un kilómetro de estas infraestructuras. La exposición constante a contaminantes —como gases tóxicos, derrames o emisiones— se traduce en enfermedades respiratorias, partos prematuros y cáncer, especialmente en comunidades indígenas, rurales o de bajos ingresos.
Ecosistemas en riesgo y derechos vulnerados
El estudio revela que un tercio de las instalaciones de combustibles fósiles se superpone con ecosistemas críticos como bosques o humedales, que son esenciales para la captura de carbono. Además, más del 16 % de dichas infraestructuras se encuentran en territorios indígenas. Esta intersección entre contaminación, degradación del ambiente y vulneración de derechos humanos evidencia que la crisis energética es también una crisis socioambiental.
Un llamado urgente en la agenda global
En el contexto de la COP30, que se celebra en Belém, Brasil, el informe lanza un llamado a los gobiernos y a la industria: se requiere una eliminación rápida, justa y financiada de los combustibles fósiles, así como una transición hacia energías limpias que tenga a las personas y la naturaleza como centro. Sin embargo, la expansión de nuevos proyectos —más de 3 500 están en desarrollo— pone en duda la efectividad de los compromisos actuales.
El coste humano del “progreso”
Este problema no es solo teórico: comunidades alrededor del mundo ya viven las consecuencias. Voces indígenas y defensoras del territorio denuncian la criminalización, la falta de consulta previa y la pérdida de medios de vida. La extracción, procesamiento y transporte de combustibles fósiles han sido identificados como causas directas de daños sociales, culturales y ambientales.
¿Qué significa para la acción empresarial?
Para empresas con programas de sostenibilidad o responsabilidad social, los hallazgos del informe muestran que:
- No basta con hablar de transición: es necesario revisar la exposición propia a proyectos contaminantes o dependientes de combustibles fósiles.
- Invertir en energías limpias y tecnologías bajas en carbono es una urgencia estratégica y ética, no solo una opción de marketing.
La colaboración con comunidades, el respeto a derechos humanos y el cuidado de ecosistemas deben ser parte inherente de la cadena de valor.



