La acumulación de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, conocidos como e-waste, se ha convertido en una de las crisis ambientales más urgentes del siglo XXI, alertan expertos. La generación global de estos desechos —que incluye desde teléfonos móviles y laptops hasta electrodomésticos grandes— crecerá de forma sostenida durante la próxima década y podría alcanzar 82 millones de toneladas anuales para el año 2030 debido al aumento del consumo tecnológico y la rápida obsolescencia de dispositivos.
A pesar del crecimiento exponencial de estos residuos, las tasas de recolección y reciclaje formal no logran seguir el ritmo. Actualmente, más del 75 % de los residuos electrónicos no se recolecta ni se recicla adecuadamente, lo que implica que grandes volúmenes terminan en vertederos informales o en condiciones que los exponen al medio ambiente y a comunidades vulnerables sin protección ni control.
Una amenaza silenciosa con múltiples impactos
Los residuos electrónicos contienen sustancias peligrosas como mercurio, plomo, cadmio y otros compuestos tóxicos que, al liberarse en el aire, el agua o el suelo, representan un riesgo para la salud humana y los ecosistemas. La gestión inadecuada de estos materiales puede generar contaminación ambiental persistente y problemas de salud en poblaciones expuestas. EFE Noticias
Además de su impacto ambiental, el e-waste representa una pérdida económica significativa. Dentro de estos residuos se encuentran metales valiosos como cobre, oro, plata, litio y tierras raras, cuya recuperación podría fomentar mercados de materias primas secundarias y apoyar sectores como la electromovilidad y las energías renovables. Sin embargo, buena parte de este valor se pierde actualmente debido a las tasas bajas de reciclaje.
Desafíos en América Latina y otras regiones
Aunque la crisis es global, regiones como América Latina enfrentan retos particulares. La generación de residuos electrónicos representa una proporción notable del total mundial, pero la infraestructura formal de reciclaje es limitada en muchos países, lo que favorece prácticas informales de manejo que perjudican la salud de trabajadores y comunidades.
Hacia soluciones empresariales y sistémicas
Ante este escenario, diversas voces llaman a las empresas a repensar sus modelos de producción y diseño de productos para favorecer la durabilidad, la reparabilidad y la reciclabilidad. También se destaca la importancia de implementar sistemas de responsabilidad extendida del productor, donde los fabricantes asuman la logística post-consumo de sus productos y colaboren con autoridades y recicladores formales para cerrar el ciclo de vida de los aparatos. Organizaciones y expertos subrayan que, sin intervención estructural y colaborativa, la generación de residuos electrónicos seguirá superando la capacidad de manejo responsable y el crecimiento proyectado hacia 2030 podría agravar los impactos ambientales, sociales y económicos asociados a esta “ola” silenciosa que ya está en marcha.



