La alimentación de los perros, un aspecto cotidiano para millones de personas, tiene un impacto climático mayor al que comúnmente se percibe. Estudios recientes sobre la huella ambiental de los alimentos para mascotas muestran que la producción de comida para perros contribuye de forma significativa a las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente cuando se utilizan ingredientes de alta demanda en la dieta humana.
El análisis de distintos tipos de alimentos comerciales —secos, húmedos, crudos y formulaciones premium— evidencia que no todos tienen el mismo impacto ambiental. Las diferencias están directamente relacionadas con el tipo de ingredientes utilizados, su origen y los procesos necesarios para su producción y transporte. En particular, las dietas con alto contenido de carne de calidad comparable a la destinada al consumo humano generan una huella de carbono considerablemente más alta.
Uno de los principales factores detrás de este impacto es el uso intensivo de proteína animal. La producción de carne requiere grandes cantidades de recursos naturales, como agua, tierra y energía, además de generar emisiones durante la crianza del ganado y el procesamiento industrial. Cuando estos insumos se destinan a la alimentación de mascotas, el efecto ambiental se suma al ya elevado impacto del sistema alimentario global.
Las investigaciones muestran que puede existir una diferencia muy amplia entre productos, dependiendo de su formulación. Algunos alimentos con menor huella ecológica utilizan subproductos animales que no suelen emplearse en la alimentación humana, lo que permite aprovechar mejor los recursos disponibles y reducir el desperdicio. En contraste, los productos que priorizan cortes “nobles” elevan de forma significativa las emisiones asociadas.
Este panorama plantea un reto tanto para la industria como para los dueños de mascotas. Si bien la salud y nutrición de los perros es una prioridad, también surge la necesidad de considerar el impacto ambiental de las decisiones de consumo. Elegir alimentos con formulaciones más eficientes en el uso de recursos puede contribuir a disminuir la huella climática sin comprometer el bienestar animal.
El tema también invita a repensar la percepción de los productos premium. Un mayor precio o una etiqueta de alta gama no siempre se traduce en una opción más sostenible. Por el contrario, algunos de estos productos pueden tener un impacto ambiental superior debido a la selección de ingredientes y a los procesos involucrados en su elaboración.
Ante este escenario, especialistas coinciden en que una mayor transparencia en el etiquetado, el desarrollo de alternativas más sostenibles y la adopción de criterios ambientales en la formulación de alimentos para mascotas serán clave en los próximos años. La alimentación de los perros, aunque parezca un detalle individual, forma parte de un sistema más amplio que influye en la crisis climática global.



