Un caso reciente ha abierto un debate poco explorado sobre el impacto emocional de la crisis climática en decisiones personales profundas. Una mujer de 37 años, madre de dos hijos, decidió interrumpir un embarazo motivada por una ansiedad intensa relacionada con el deterioro ambiental y la incertidumbre sobre el futuro del planeta.
Durante el embarazo, el miedo constante a un mundo marcado por el cambio climático, sumado a una carga emocional creciente, influyó de forma determinante en su decisión. Tras el aborto, experimentó alivio inicial, pero posteriormente enfrentó sentimientos de tristeza, culpa y duelo que se prolongaron en el tiempo.
Especialistas señalan que este fenómeno, conocido como ansiedad climática, no puede entenderse de forma aislada. Se trata de una expresión del cruce entre crisis ambiental, salud mental y presiones sociales, particularmente sobre las mujeres, quienes suelen cargar con una mayor responsabilidad emocional frente al futuro.
El caso pone sobre la mesa una discusión más amplia sobre cómo la crisis climática no solo afecta ecosistemas y economías, sino también la vida íntima, las decisiones reproductivas y el bienestar psicológico. Abre preguntas urgentes sobre la necesidad de atender la salud mental en un contexto de incertidumbre ambiental creciente.


