Red BAMx (Red de Bancos de Alimentos de México) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalaron que la inflación está afectando de manera significativa la dieta de las familias mexicanas, alterando sus patrones de consumo y aumentando la inseguridad alimentaria. Esta situación se refleja en el aumento de precios de productos básicos, lo que obliga a los hogares a hacer ajustes que pueden repercutir negativamente en la calidad nutricional de los alimentos que consumen.
El alza sostenida en los precios de alimentos esenciales —como frutas, verduras, granos, carnes y lácteos— ha reducido el poder adquisitivo de muchos hogares, especialmente de aquellos con ingresos más bajos. Esto ha llevado a que familias prioricen productos más económicos y menos nutritivos, lo que a su vez puede incrementar riesgos de malnutrición y otros problemas de salud asociados con dietas pobres en nutrientes necesarios.
Los análisis de Red BAMx y del INEGI muestran que, ante la presión inflacionaria, los consumidores están modificando sus hábitos de compra: compran menos cantidad de alimentos frescos, optan por sustitutos más asequibles y reducen la diversidad de su dieta. Estos cambios no solo afectan la calidad de la alimentación, sino que también ponen en riesgo el bienestar a largo plazo de niños, adolescentes y adultos mayores, quienes requieren una ingesta equilibrada para un adecuado desarrollo físico y cognitivo.
La situación económica también ha impactado la frecuencia de visita a mercados y tiendas, ya que las familias buscan comparar precios o recurren a establecimientos donde los costos son más bajos, incluso si esto limita el acceso a una oferta más variada de productos. Este comportamiento redistributivo de la demanda altera la planificación alimentaria y puede incrementar el estrés financiero dentro del hogar.
Otra consecuencia destacada es el incremento de la demanda en bancos de alimentos y organizaciones sociales que apoyan a poblaciones vulnerables. La inflación ha presionado la capacidad de estas redes para responder a la creciente necesidad, motivando esfuerzos adicionales para recolectar, gestionar y distribuir alimentos de manera eficiente y segura.
Ante este panorama, especialistas y representantes de organizaciones sociales subrayan la importancia de políticas públicas y programas de apoyo que mitiguen el impacto de la inflación en la alimentación de las familias. Esto incluye subsidios focalizados, esquemas de asistencia alimentaria, educación nutricional y estrategias para fortalecer la producción local de alimentos accesibles y nutritivos.
La advertencia de Red BAMx y el INEGI resalta que la inflación no solo es un problema económico, sino también un desafío social y de salud pública. Mantener una dieta equilibrada es fundamental para el bienestar de la población, y las políticas que faciliten el acceso a alimentos saludables se vuelven cada vez más urgentes en un contexto donde la presión inflacionaria amenaza la seguridad alimentaria de amplios sectores de la sociedad.



