José Medina Mora
Por Klaus Gérman Phinder
Busco incidir en consolidar a un CCE que promueva los valores de la libre empresa, que apueste por el crecimiento y el progreso y que avance unido, con voz propia y con resultados para México. Dialogar para avanzar es el camino que vamos a seguir.
Llegas a la presidencia del Consejo Coordinador Empresarial en un momento complejo para México. ¿Qué lectura haces del país que recibes y qué tipo de liderazgo empresarial crees que se necesita hoy?
El mundo atraviesa un periodo de gran complejidad: tensiones geopolíticas, reconfiguración de las cadenas globales de valor, cambios tecnológicos acelerados y una competencia cada vez más intensa entre regiones. En ese contexto internacional es donde está inserto México, con ventajas estratégicas claras, pero también con retos importantes para consolidarse como un socio confiable, competitivo y de largo plazo.
Por ello, se necesita un sector empresarial unido y con propósito, que trabaje por sumar voluntades, porque nadie es mejor que todos juntos y solo unidos podremos ser más fuertes como sector y como país.
A lo largo de tu trayectoria has defendido la idea de que el crecimiento económico, por sí solo, no garantiza bienestar. ¿En qué punto crees que México perdió el equilibrio entre crecimiento y desarrollo?
México ha tenido etapas de crecimiento económico relevantes, pero no se han traducido en desarrollo, en un desarrollo inclusivo con oportunidades para todos, y por el contrario, ha aumentado la brecha entre los que más tienen y los que están en condiciones de pobreza.
Ahí es donde se rompe el equilibrio, cuando los indicadores macroeconómicos no son suficientes para garantizar empleos dignos, mejorar la educación, el acceso a la salud y reducir la desigualdad.
Tu propuesta de Desarrollo Inclusivo parte de una convicción personal: que el negocio puede ser rentable y, al mismo tiempo, socialmente responsable. ¿por qué sigue siendo difícil que esta visión se generalice en el empresariado?
Me parece que el reto está en entender que las empresas son vehículos de transformación social, para asumir que desde ellas podemos generar empleo, crecimiento económico y productividad, pero también oportunidades para el acceso a una educación de calidad, un medio ambiente sano y vinculación con la comunidad, poniendo a las personas al centro.
El Modelo de Desarrollo Inclusivo contempla justo una visión integral, tanto para los empresarios, como para el resto de los actores de la sociedad.
Por ello, desde el CCE estamos trabajando precisamente en impulsar este modelo aterrizado en marcos como los criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG por sus siglas en inglés), el Código de Integridad y Ética Empresarial, así como el Código de Gobierno Corporativo, que permitan a más empresas, de todos los tamaños, transitar hacia este modelo.
En un país con más de 40 millones de personas en pobreza, ¿qué responsabilidad real tiene la empresa frente a una desigualdad que va más allá del ámbito gubernamental?
La empresa no sustituye al Estado, pero sí tiene una responsabilidad clara frente a la realidad social en la que opera. Esa responsabilidad comienza por generar empleo formal, capacitación, condiciones laborales dignas y oportunidades de desarrollo que impacten directamente en las familias. Desde ahí, el sector privado puede contribuir de manera concreta a reducir la desigualdad.
La desigualdad es un reto estructural que exige soluciones compartidas, y desde el sector empresarial mexicano asumimos el compromiso de trabajar en conjunto con gobierno, sociedad civil y academia en la atención de este y otros desafíos que enfrentamos, pues nadie es mejor que todos juntos.
Desde el CCE contamos con diversas comisiones de trabajo – en temas como Salud, Seguridad, Laboral, Educación, entre otros – que buscan coadyuvar con el sector público, la academia y la sociedad civil para impulsar propuestas técnicas y viables.
Desde tu perspectiva, ¿por qué no puede haber empresas exitosas en sociedades fracasadas,
y qué implicaciones prácticas tiene esta idea para el liderazgo empresarial?
Ninguna empresa puede sostenerse en el largo plazo en un entorno de informalidad, inseguridad o falta de derechos y libertades.
El éxito empresarial depende directamente de la estabilidad social, de la confianza y de un entorno justo y libre para desarrollar negocios con certidumbre y estado de derecho.
Las estadísticas lo ilustran de manera clara: de acuerdo con el INEGI aproximadamente el 52 % de las MiPyMEs (Micro, Pequeñas y Medianas Empresas) en México cierran antes de cumplir los dos años de operación, y ese porcentaje crece cuando los entornos son más adversos o hay crisis económicas prolongadas.
Y en este sentido, mi misión como presidente del CCE es lograr la representación de un sector empresarial unido, donde tanto las grandes, como medianas, pequeñas y micro empresas se sientan involucradas, buscando siempre la ampliación de oportunidades para quienes emprenden y la certidumbre para el resto de las empresas, hacia el interior y exterior del país.
En materia salarial, ¿cómo lograr que los sueldos más bajos permitan una vida digna sin poner en riesgo la viabilidad de las empresas, especialmente
las más pequeñas?
Garantizar un salario digno es uno de los principales pendientes en el entorno laboral en México, es un proceso que requiere compromisos y acciones articuladas entre diversos actores.
Un salario digno implica que las personas puedan percibir ingresos que les permitan cubrir sus necesidades sin complicaciones, por ello desde hace varios años en el sector empresarial mexicano hemos impulsado cambios como la desindexación del salario, y posteriormente los aumentos sostenidos al salario mínimo, para evitar la pobreza laboral.
Y creo que ese debe seguir siendo el objetivo, que las personas tengan un salario digno que cubra sus necesidades y que entre sectores nos coordinemos para seguir con avances y la formalización del empleo, sin comprometer la situación de las empresas, principalmente de las más pequeñas.
Uno de los pilares de tu modelo es la aceleración educativa dentro de las empresas. ¿Qué cambia cuando una organización asume como propio el rezago educativo
de sus trabajadores?
Cambia la relación entre la empresa y sus colaboradores. Cuando una empresa invierte en educación y capacitación, no solo mejora su productividad, sino que fortalece sus oportunidades, su autoestima, y les da mayores condiciones de movilidad social.
Formar a las personas desde la empresa significa formar un compromiso social y trascender.
El acceso a vivienda y patrimonio es otro de los grandes retos sociales. ¿Qué papel pueden jugar las empresas para fortalecer la estabilidad de las familias de sus colaboradores?
El acceso a vivienda y a patrimonio es un factor clave de estabilidad social y económica, y de acceso a derechos para las personas. Desde el sector empresarial debemos garantizar el cumplimiento de todos nuestros compromisos por la seguridad social de los colaboradores, así como dar seguimiento a la situación en el INFONAVIT, cuya estructura ha sido tripartita y ha permitido que millones de personas accedan a una vivienda por medio del empleo formal.
Además, desde las empresas podemos facilitar esquemas complementarios como programas de educación financiera, ahorro, acompañamiento en el uso de créditos y vinculación con instrumentos existentes de vivienda. Cuando una organización se involucra en estos procesos, no solo mejora la calidad de vida de sus colaboradores, sino que fortalece su compromiso, reduce la rotación y eleva la productividad.
¿Qué resistencias culturales persisten dentro del sector empresarial cuando se habla de responsabilidad social como parte del modelo de negocio y no solo como filantropía?
Una de las principales resistencias ha tenido que ver con la percepción de que integrar criterios sociales, ambientales y de gobernanza implica mayores costos inmediatos o una pérdida de competitividad frente a otros mercados, así como con la noción de que la empresa es para hacer negocio y no para generar empleo, mejorar la comunidad y ejercer los valores sociales.
En ese sentido, el trabajo de décadas de socialización y formación empresarial en RSE, y posteriormente en esquemas como ESG han permitido que el tema cada vez sea más aceptado, y no solo aceptado sino implementado en empresas de todos los tamaños.
En este sentido, me parece que el que los empresarios estemos en cámaras y organismos empresariales nos permite formarnos, apoyarnos y aprender unos de otros. Los modelos de mentorías para MiPyMEs han sido claves en estos temas y muchos otros.
Finalmente, desde la presidencia del CCE, ¿qué mensaje le darías a los empresarios que aún dudan
de que la rentabilidad, la inclusión social y la sostenibilidad puedan avanzar juntas?
Les diría que las empresas son herramientas de transformación social, y que las que integran la inclusión social, la ética y el cuidado del medio ambiente, no solo generan mejores resultados para sus accionistas, sino que son más resilientes, más sólidas frente a los cambios y son parte importante de la comunidad en la que se desarrollan.
En la actualidad, como país enfrentamos grandes desafíos, y son indispensables el diálogo y la colaboración que desde el sector empresarial podamos propiciar.



