Rescate de alimentos: la economía circular que genera valor social, ambiental y empresarial 

Vocero: Enrique Gómez Junco, Presidente de la Red de Bancos de Alimentos de México
Tema propuesto: Economía circular aplicada al rescate de alimentos

Durante años, la conversación sobre economía circular se ha concentrado en materiales, empaques, plásticos y procesos industriales. Sin embargo, existe una de las oportunidades más relevantes y menos aprovechadas para aplicar sus principios en México: el rescate de alimentos. 

La economía circular busca mantener el mayor valor posible de los recursos dentro del sistema productivo, evitando que se conviertan prematuramente en residuos. Bajo esta lógica, resulta difícil justificar que millones de toneladas de alimentos perfectamente aptos para consumo humano terminen desechándose cada año mientras millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria.  

El sistema alimentario enfrenta hoy una de sus mayores contradicciones. Mientras más de 44 millones de mexicanos viven algún grado de inseguridad alimentaria, cerca del 38% de los alimentos producidos en el país se pierde o desperdicia a lo largo de la cadena de suministro. Esto representa aproximadamente 30 millones de toneladas anuales de alimentos que implicaron consumo de agua, energía, suelo, mano de obra, transporte e inversión económica, pero que no cumplieron su propósito final: alimentar personas. 

Desde una perspectiva empresarial, el desperdicio alimentario no es únicamente un problema ambiental o social; es también una ineficiencia operativa. 

Por ello, la pregunta ya no es si las empresas deben actuar frente a este desafío, sino cómo pueden transformar esa pérdida en valor compartido. 

Es precisamente en este punto donde los bancos de alimentos desempeñan un papel estratégico dentro de la economía circular. 

La Red de Bancos de Alimentos de México (Red BAMX) opera una infraestructura social especializada que permite reincorporar alimentos excedentes al sistema alimentario antes de que se conviertan en residuos. A través de una red de 60 bancos de alimentos con presencia en prácticamente todo el país, rescatamos productos que han salido del circuito comercial por razones logísticas, estéticas, de sobreinventario, cambios en la demanda o cercanía de fechas de consumo preferente, pero que mantienen todas las condiciones para ser consumidos de manera segura. 

En términos de economía circular, los bancos de alimentos actuamos como un eslabón especializado de recuperación y redistribución dentro de la cadena de suministro. Nuestra función es extender la vida útil de los alimentos, preservar el valor económico, nutricional y ambiental invertido en ellos, y garantizar que lleguen a quienes más los necesitan. 

Dicho de otra manera: cuando un alimento es rescatado, la economía circular funciona. 

Esta visión transforma por completo la forma en que las empresas pueden abordar sus excedentes. Lo que tradicionalmente era considerado una merma o un costo de disposición final puede convertirse en un activo generador de impacto ambiental, social y reputacional. 

Los beneficios son tangibles. 

Desde la perspectiva ambiental, cada tonelada de alimentos rescatada evita que residuos orgánicos lleguen a rellenos sanitarios donde generan emisiones de metano, uno de los gases de efecto invernadero con mayor potencial de calentamiento global. Además, se preserva el valor ambiental asociado a todos los recursos utilizados para producir esos alimentos, desde agua y fertilizantes hasta energía y transporte. 

Desde la perspectiva social, los alimentos recuperados fortalecen la seguridad alimentaria de millones de personas y contribuyen a mejorar el acceso a dietas más nutritivas para poblaciones en situación de vulnerabilidad. 

Y desde la perspectiva empresarial, el rescate de alimentos se convierte en una herramienta concreta para avanzar en objetivos ESG (Environmental Social and Governance), fortalecer estrategias de sostenibilidad, generar indicadores verificables de impacto y responder a las crecientes expectativas de inversionistas, consumidores y reguladores. 

Hoy, las empresas más avanzadas ya no observan el rescate de alimentos como una acción filantrópica aislada. Lo entienden como una solución de economía circular, una estrategia de eficiencia operativa y una oportunidad para reducir simultáneamente riesgos ambientales y sociales. 

México cuenta con una ventaja que pocos países poseen: una red nacional de bancos de alimentos con la capacidad logística, operativa y tecnológica para recuperar excedentes a gran escala y convertirlos en impacto medible. 

La infraestructura existe. La experiencia existe. La necesidad es evidente. 

Lo que sigue es acelerar la colaboración entre empresas, gobiernos y sociedad civil para construir un sistema alimentario donde los alimentos se produzcan para alimentar personas, no para convertirse en residuos. 

Porque la economía circular aplicada a los alimentos no es una aspiración futura. Es una solución disponible hoy y los Bancos de Alimentos somos la infraestructura que permite hacerla realidad: rescatamos alimento apto para consumo, evitamos desperdicio y lo convertimos en apoyo concreto para quienes más lo necesitan. 

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