Fundación Rockefeller invierte 59 millones de dólares en América Latina para atender retos climáticos y sociales

La Fundación Rockefeller presentó su Informe de Impacto 2025, en el que destacó una inversión de 59 millones de dólares en América Latina y el Caribe para impulsar proyectos enfocados en salud pública, alimentación, energía limpia, resiliencia climática y desarrollo comunitario. El reporte fue dado a conocer desde su oficina regional en Bogotá, tras el primer año de operaciones descentralizadas de la organización en la región.

La fundación señaló que estos recursos buscan responder a necesidades urgentes de comunidades vulnerables en un contexto marcado por la reducción de la cooperación global, la presión climática y mayores desafíos sociales. La estrategia se concentra en apoyar soluciones locales capaces de generar impacto en salud, seguridad alimentaria, biodiversidad, energía y sostenibilidad.

Uno de los ejes destacados del informe es el uso de inteligencia artificial para anticipar crisis sanitarias. En países como Colombia y Brasil, la Fundación Rockefeller ha respaldado plataformas predictivas como Dengue.IA y ÆSOP, diseñadas para fortalecer la capacidad de respuesta de autoridades locales ante posibles brotes infecciosos.

Estas herramientas utilizan datos ambientales, registros médicos y modelos de análisis para emitir alertas tempranas. Con ello, los sistemas de salud pueden anticiparse a escenarios de riesgo, planear mejor sus recursos y proteger a millones de personas frente a enfermedades que se agravan por factores climáticos y sociales.

La colaboración con instituciones académicas también forma parte de esta estrategia. La Universidad ICESI y la Universidad Federal de Río de Janeiro participan en el desarrollo y aplicación de soluciones tecnológicas orientadas a mejorar la toma de decisiones públicas. Para la fundación, la innovación puede convertirse en una herramienta concreta para salvar vidas cuando se conecta con gobiernos, comunidades y centros de conocimiento.

El informe también coloca a la Amazonía brasileña como una de las regiones prioritarias para la acción climática y la preservación de la biodiversidad. En ese territorio, organizaciones locales y coaliciones de mujeres indígenas trabajan para frenar la deforestación, proteger ecosistemas y generar oportunidades económicas sostenibles.

Este enfoque reconoce que la conservación ambiental no puede separarse del bienestar de las comunidades que habitan los territorios. Por eso, los proyectos apoyados buscan fortalecer economías locales, proteger recursos naturales y ampliar la participación de actores comunitarios en las decisiones sobre el futuro de sus regiones.

En Haití, la Fundación Rockefeller también reportó avances en acceso a energía limpia. A través de la Global Energy Alliance, se ha impulsado la instalación de paneles solares modulares para llevar electricidad confiable a zonas rurales afectadas por el deterioro de la infraestructura tradicional.

El acceso a energía es clave para mejorar condiciones de vida, sostener servicios básicos y abrir nuevas oportunidades económicas. En comunidades rurales, contar con electricidad estable puede impactar directamente en educación, salud, productividad y seguridad.

“La disrupción cambia nuestra forma de trabajar, pero no para quién trabajamos. A pesar de las dificultades globales, nos enorgullece demostrar que aún es posible lograr resultados a gran escala para las poblaciones vulnerables elevando nuestra ambición”, señaló Rajiv J. Shah, presidente de la Fundación Rockefeller.

A nivel global, el portafolio de la organización alcanzó a más de 700 millones de personas mediante el acceso a productos y servicios esenciales. Además, la fundación reportó la movilización directa de 3,000 millones de dólares hacia intervenciones de bienestar social.

Estos resultados muestran una apuesta por fortalecer el ecosistema filantrópico en un momento de alta volatilidad ambiental, económica y social. Para la Fundación Rockefeller, la inversión en América Latina forma parte de una visión donde la tecnología, la salud pública, la energía limpia y la acción climática deben avanzar de manera conjunta.

El reto será que estas inversiones no se queden en intervenciones aisladas, sino que fortalezcan capacidades locales y generen modelos replicables. En una región marcada por desigualdad, vulnerabilidad climática y presión sobre sus sistemas de salud, el impacto dependerá de la continuidad de los proyectos y de la capacidad de las comunidades para apropiarse de las soluciones.

Con su Informe de Impacto 2025, la Fundación Rockefeller busca mostrar que la filantropía puede tener un papel activo frente a las crisis actuales. Su apuesta en América Latina apunta a una idea central: las respuestas a los grandes desafíos globales también deben construirse desde los territorios, con tecnología, inversión y participación comunitaria.

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