Millones de personas ven el inconfundible logo del óvalo azul circulando por las calles todos los días. Lo que muy pocos saben es que ese mismo emblema da la bienvenida, cada mañana, a más de 60,000 niños mexicanos al cruzar la puerta de su escuela primaria Ford.
Todo comenzó en 1966 con una primera escuela en León, Guanajuato y hoy es una sólida red operativa responsable de la construcción, equipamiento y mantenimiento de 215 planteles públicos a nivel nacional.
El origen se remonta a los primeros años de la década de los sesenta. Durante la inauguración de la planta de Ford en Cuautitlán, Henry Ford II tuvo un encuentro con el entonces presidente mexicano, Adolfo López Mateos, donde le preguntó qué podía darle la empresa al país para retribuir todo lo que México les había brindado. Tras conversarlo, Henry Ford II fue contundente e hizo una promesa histórica: “Los pilares de la sociedad son la educación y la salud; nosotros nos abocaremos a la educación”.
En el camino se dieron cuenta de que una corporación no podía edificar el futuro de un país por sí solo; requería un copiloto local que tuviera mayor cercanía con las comunidades en México. Fue entonces cuando la Asociación de Distribuidores de Automóviles de Ford y Lincoln dio un paso al frente. Asumiendo la promesa como propia, en 1966 conformaron el Comité Cívico de Ford y sus Distribuidores, creando el modelo financiero que lo haría posible.
Es así como dicho modelo ha edificado y mantenido los 215 planteles bajo un esquema financiero y operativo único en la industria. Por cada automóvil o camión vendido en México, Ford y el distribuidor local realizan una aportación económica en partes iguales a un fondo común.
El Comité Cívico cambió su nombre a Escuelas Ford y sus Distribuidores, Asociación Civil, la entidad que administra y ejecuta una compleja operación para identificar las necesidades en las comunidades, construir los planteles, donarlos a la Secretaría de Educación Pública (SEP) para que se alineen a su esquema educativo y a su vez, implementar programas adicionales que robustecen la formación de sus estudiantes.
“Una de las mayores fortalezas de esta iniciativa, además de la educación, es el profundo cambio social que detona, alterando la geografía y la vida de la comunidad en múltiples niveles. La sola llegada de una Escuela Ford suele encender el desarrollo urbano, pues en muchas ocasiones, ha impulsado a los municipios más vulnerables a instalar drenaje, electricidad y pavimentar calles aledañas”, señaló Julieta Melendez, Vicepresidenta de Escuelas Ford.
Con 215 escuelas operando y 1.7 de estudiantes graduados a lo largo de 60 años, Escuelas Ford y sus Distribuidores, A.C. reafirma que el liderazgo automotriz va de la mano con la responsabilidad social. Para los conductores de la marca, el mensaje ahora es más claro, el legado de su vehículo no solo se mide en kilómetros recorridos, sino en generaciones transformadas.


