Rol de las empresas en la reconstrucción Post-Covid

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COVID EMPRESAS

POR KARLA PETERSON O´FARRILL

Pobreza, cambio climático, precariedad laboral, desigualdad de género, son algunos de los retos que ya enfrentaba el mundo en 2019 y que la pandemia por COVID-19 ha exacerbado. Analizando el éxito que países como Alemania, Dinamarca, Nueva Zelanda o Corea han tenido al responder a la pandemia, vemos la necesidad de construir sociedades más equitativas, tener sistemas de protección social más fuertes y Estados capaces, que puedan intervenir para proteger a los más vulnerables en momentos de crisis.

La respuesta adecuada que debe tener un país ante la crisis por COVID depende de su nivel de desarrollo, su sistema de protección social y del nivel de pobreza, lo que hace difícil tener una respuesta única a esta crisis humanitaria. Algunos ejemplos tienen que ver con invertir más en el sistema de salud, un primer paso fundamental; otros, con dar apoyo a las empresas, sobre todo a las micro y medianas, para que puedan mantenerse en operación y mantener el empleo y las perspectivas de desarrollo, porque se reconoce el papel que van a jugar en la recuperación económica.

Sin duda, el COVID impacta negativamente las tasas de crecimiento de los países en general y más de los países en desarrollo. Una de las grandes secuelas que dejará es un aumento de la pobreza, sobre todo en el mundo en desarrollo. Lo que se calcula hoy por parte del Banco Mundial es que hasta 177 millones de personas pudieron haber caído en pobreza en 2020.

Sin embargo, aun en medio de la crisis, el COVID nos obliga a pensar en qué tipo de economía queremos, no solo en términos económicos, sino sociales y humanos. Voces como la de Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz, o António Guterres, Secretario General de la ONU, y el mismo Foro Económico Mundial nos invitan a aprovechar este momento para pensar en una economía más equitativa, que ponga a la persona en el centro del modelo económico y que considere el impacto ambiental. Más que pasar, dice Yunus, a una recuperación, pasemos a una reconstrucción del modelo económico.

Hoy tenemos la oportunidad de pensar si queremos continuar con un modelo económico que ha demostrado ser altamente vulnerable o pasar a uno enfocado en mejores oportunidades de empleo, mayor igualdad, más sustentable con el medio ambiente.

Es un reto para todos aquellos que están en una posición de liderazgo, tanto en el sector público como en el privado y la academia, porque aún estamos luchando con el presente, pero es en esta situación de incertidumbre donde podemos tener este “borrón y cuenta nueva” y ver qué tipo de sociedad queremos.

La empresa tiene un papel fundamental en el desarrollo de este nuevo modelo y sobre todo en su implementación, en repensar la forma en cómo trabajamos, en cómo podemos fomentar un balance de vida y trabajo, en procurar mayor flexibilidad, equidad de género y un mejor ambiente laboral que fomente la productividad y la innovación.

La empresa tiene también un papel importante en construir mayor confianza con la sociedad y mayor impacto en temas de responsabilidad social. Los empresarios liderarán la transición económica hacia una mayor digitalización y automatización. Hay que señalar, sin embargo, que en esta transición la estrategia de crecimiento debe estar alineada con la atención de problemas sociales. Es decir, atender con una idea de negocio necesidades de nuestra sociedad, sin dejar de tener en cuenta el impacto ambiental de esas acciones.

El papel de la empresa puede ser muy activo para contribuir a una recuperación más rápida. Los pilares del crecimiento económico en los próximos años tendrán que ver con aumentar la productividad y acelerar la innovación; aunque, después de lo que hemos vivido con el COVID, se deberá no solo contar con estrategias adecuadas para un crecimiento económico, sino también para construir una sociedad más incluyente, más participativa y más justa.

La cooperación público-privada es vital para evitar un mayor aumento de la pobreza y estancamiento social. Si algo nos ha dejado el COVID, es valorar la importancia de ese tipo de cooperación para diseñar una visión común: qué tipo de economía queremos después de la crisis, qué tipo de modelo económico y social vamos a construir. Ante un contexto de dificultad y de recursos económicos muy limitados es muy importante que lo que se diseñe sea en acuerdo conjunto para que tenga más impacto. En esa cooperación deberá verse además qué le toca hacer a cada uno en la construcción de esta visión común.

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