La falta de acción suficiente frente al cambio climático puede traducirse en una caída directa del ingreso de las personas durante las próximas décadas. Un informe del Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment, de la London School of Economics, concluyó que el PIB per cápita global podría ser 8% menor en 2050, con escenarios que alcanzan hasta 15%, si no se refuerzan la adaptación y la resiliencia climática.
El estudio, publicado en abril de 2026 bajo el título The macroeconomic case for investing in climate adaptation, reunió resultados de casi 300 investigaciones y más de 6,000 estimaciones para medir los riesgos macroeconómicos y fiscales del cambio climático. Según sus autores, el deterioro ya no debe verse como una amenaza abstracta, sino como una presión concreta sobre crecimiento, productividad, inflación y desigualdad.
La proyección no es uniforme. En países de ingresos bajos y medios, la pérdida de ingreso por persona podría llegar a 12% en promedio, con rangos de 8% a 18%, mientras que los daños sobre bienestar podrían equivaler a 14% del PIB a escala global y a 16% en economías más vulnerables. El informe añade que estas cifras siguen siendo parciales porque muchos modelos todavía no capturan por completo eventos extremos, efectos en cascada ni puntos de inflexión climática.
El reporte también identifica otros impactos económicos asociados al calentamiento. Entre ellos aparecen una caída de 0.6% en la productividad laboral global, una reducción en el crecimiento de la productividad total de los factores y un aumento de la inflación de hasta 1.6 puntos porcentuales por año. A eso se suman deterioro de calificaciones crediticias soberanas y mayor desigualdad, factores que vuelven más frágil la estabilidad económica.
Los autores sostienen que una parte importante del problema es fiscal. A medida que se intensifican sequías, inundaciones, olas de calor y daños a infraestructura, los gobiernos enfrentan más gasto de respuesta, menor recaudación y mayor presión sobre deuda pública. En esa lógica, el cambio climático deja de ser solo un problema ambiental y pasa a convertirse en un riesgo directo para crecimiento, finanzas públicas y nivel de vida.
Frente a ese panorama, el informe plantea que invertir temprano en adaptación sí tiene retorno económico. La evidencia sintetizada muestra que estas inversiones pueden generar beneficios de alrededor de cuatro veces su costo, e incluso entre tres y seis veces según el tipo de medida analizada. La conclusión central es que la adaptación no debe tratarse como gasto defensivo, sino como una forma de proteger productividad, ingresos y estabilidad.
El documento también advierte que la adaptación por sí sola no basta. Si las emisiones siguen altas, los costos económicos seguirán creciendo y algunas pérdidas ya no podrán evitarse. Por eso, la recomendación de fondo combina dos rutas al mismo tiempo: acelerar la adaptación para reducir daños inmediatos y reforzar la mitigación para evitar que esos daños escalen todavía más.



