Un estudio detecta greenwashing en casi todos los compromisos climáticos de las grandes empresas de carne y lácteos

Un estudio publicado el 22 de abril de 2026 en la revista PLOS Climate concluyó que 98% de las afirmaciones ambientales revisadas en las mayores empresas de carne y lácteos del mundo puede clasificarse como greenwashing, es decir, como mensajes engañosos o insuficientemente sustentados sobre su desempeño climático. La investigación analizó 1,233 afirmaciones extraídas de informes de sostenibilidad y sitios web públicos de 33 compañías del sector entre 2021 y 2024.

Del total de mensajes revisados, 841, equivalentes a 68%, estaban relacionados con clima. Ahí fue donde apareció el principal hallazgo del trabajo: 1,213 afirmaciones, o 98% del conjunto analizado, fueron ubicadas dentro de una lógica de greenwashing. El estudio también encontró que 38% de los mensajes eran proyecciones futuras no verificables, mientras que solo 29% incluían algún tipo de evidencia de respaldo y apenas tres afirmaciones estaban apoyadas en literatura científica revisada por pares.

La investigación pone especial atención en la manera en que el sector está comunicando sus metas de descarbonización. De las 33 empresas evaluadas, 17 ya habían anunciado compromisos de emisiones netas cero, pero los autores señalan que, en muchos casos, esas metas parecen apoyarse más en compensaciones que en reducciones directas de emisiones. El artículo compara esta estrategia con prácticas ya vistas antes en la industria de los combustibles fósiles, donde los compromisos públicos avanzan más rápido que los cambios reales en la operación.

El contexto en el que aparece el estudio también es relevante. Los autores recuerdan que la producción de carne y lácteos representa una parte desproporcionada de las emisiones del sistema alimentario y que el sector es responsable de 57% de las emisiones ligadas a la producción de alimentos y de al menos 16.5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Bajo ese escenario, advierten que las promesas vagas o sin sustento no solo desinforman al consumidor, sino que también pueden reducir la presión pública y regulatoria para exigir cambios más profundos.

El trabajo concluye que la industria está usando el lenguaje climático como parte de su narrativa corporativa, pero sin mostrar en la mayoría de los casos rutas claras, medibles y verificables para reducir su impacto ambiental. Más que un problema de comunicación, el estudio lo plantea como un problema de credibilidad en uno de los sectores con mayor peso en la crisis climática.

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