En México, 49% de los adolescentes de 15 a 17 años cuenta con un empleo remunerado, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil del Inegi. La cifra muestra la dimensión de un problema que sigue afectando el desarrollo, la educación y el bienestar de niñas, niños y adolescentes en el país.
La participación laboral aumenta conforme los menores se acercan a la mayoría de edad, pero el fenómeno también alcanza a grupos más pequeños. Entre los menores de 10 a 14 años, alrededor de 40% realiza actividades económicas, mientras que en el grupo de 5 a 9 años la proporción llega a 11%.
En el país existen cerca de 17 millones de hogares con al menos una persona de entre 5 y 17 años. Dentro de ese universo, 18% registra la presencia de al menos una niña, niño o adolescente en condición de trabajo infantil.
El fenómeno atraviesa distintos tipos de hogares. La mayoría de los menores que trabajan vive en hogares nucleares, conformados por pareja e hijos, con 54% de los casos. Otro 33% reside en hogares ampliados o compuestos, mientras que 13.4% habita en hogares monoparentales.
Uno de los impactos más graves está en la educación. Tres de cada diez niñas, niños y adolescentes que trabajan no asisten a la escuela, lo que reduce sus oportunidades de desarrollo y aumenta el riesgo de reproducir ciclos de pobreza en la vida adulta.
La situación es más delicada cuando las actividades son prohibidas o peligrosas. Del total de menores en esta condición, 43% trabaja por debajo de la edad mínima legal y 57% realiza labores consideradas riesgosas para su salud, seguridad o desarrollo.
El problema también forma parte de un desafío global. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo y UNICEF, al cierre de 2024 había 138 millones de niñas, niños y adolescentes en situación de trabajo infantil en el mundo, de los cuales 54 millones realizaban trabajos peligrosos.
Aunque la cifra global ha disminuido frente a los 246 millones registrados en el año 2000, los organismos internacionales advierten que el ritmo de avance sigue siendo insuficiente. Para erradicar el trabajo infantil en los próximos años, sería necesario acelerar de forma significativa las acciones de prevención y protección.
En México, la respuesta requiere una estrategia integral. Fortalecer los sistemas de protección social, ampliar el acceso a educación de calidad y generar empleos dignos para las personas adultas son pasos clave para reducir la presión económica que lleva a muchas familias a depender del trabajo de sus hijos.
Las cifras muestran que el trabajo infantil no puede entenderse solo como un asunto laboral. También es un problema educativo, social y de derechos humanos. Garantizar que niñas, niños y adolescentes crezcan, estudien y se desarrollen en condiciones seguras sigue siendo una tarea pendiente para el país.



