La Copa Mundial de la FIFA 2026 podría generar más de 9 millones de toneladas de CO2 equivalente, una cifra que la colocaría muy por encima del promedio de emisiones registrado entre 2010 y 2022 para este tipo de torneos. Esa estimación aparece en una investigación citada por ExpokNews y coincide con análisis publicados desde 2025 por organizaciones como Scientists for Global Responsibility, que ya advertían que el torneo en México, Estados Unidos y Canadá sería el más contaminante hasta ahora.
El factor que más empuja esa huella es el diseño mismo del torneo. La edición de 2026 tendrá 48 selecciones, 104 partidos y se jugará en 16 ciudades sede distribuidas en tres países, una combinación que multiplica los desplazamientos de equipos, aficionados, prensa y operación logística. En el informe FIFA’s Climate Blind Spot, los autores calculan que solo esa estructura territorial y el aumento de equipos disparan el impacto del transporte aéreo, con incrementos de entre 160% y 325% frente a torneos recientes.
La comparación histórica es la parte más dura del dato. ExpokNews resume que el promedio de emisiones de los mundiales entre 2010 y 2022 fue de 4.7 millones de toneladas de CO2e, mientras que la proyección para 2026 rebasa los 9 millones. Yahoo Sports retomó el mismo cálculo al explicar que la estimación proviene de un informe de 2025 de Scientists for Global Responsibility, que considera a esta edición como la más contaminante del ciclo reciente.
A eso se suma un segundo frente de crítica: los patrocinadores y el modelo comercial del torneo. Scientists for Global Responsibility sostuvo además que el acuerdo de patrocinio entre FIFA y Aramco podría inducir emisiones adicionales de hasta 30 millones de toneladas de CO2e en 2026, ligadas a la promoción comercial de la petrolera. Ese dato no forma parte del cálculo base de más de 9 millones, pero sí amplía la discusión sobre el peso climático total del ecosistema económico alrededor del Mundial.
El debate no está solo en la cifra global, sino en lo que revela sobre la lógica del evento. La expansión del torneo y su organización trinacional permiten repartir sedes y abrir más mercado, pero también vuelven mucho más difícil sostener una narrativa de sostenibilidad. Coberturas recientes de The Guardian y Reuters han documentado que el Mundial 2026 enfrenta cuestionamientos no solo por emisiones, sino también por calor extremo y vulnerabilidad climática en varias sedes.
Visto así, la discusión ya no pasa por si el Mundial tendrá impacto ambiental, sino por qué tan compatible resulta ese formato con los compromisos climáticos que la propia FIFA y sus patrocinadores suelen mencionar en su comunicación pública. La cifra de más de 9 millones de toneladas coloca al torneo en una escala que difícilmente puede presentarse como marginal dentro del debate global sobre eventos masivos, transporte y emisiones.



