La transición hacia flotas corporativas más sostenibles dejó de ser una fase de prueba en varias compañías globales y ya se instaló como parte de su operación cotidiana. Amazon, DHL, IKEA, UPS, Walmart, Schneider Electric, FedEx y PepsiCo aparecen entre las empresas que han incorporado electrificación, inteligencia artificial, hidrógeno o combustibles alternativos para reducir emisiones y hacer más eficiente su logística.
Amazon figura entre los casos más avanzados por la escala de su despliegue. La compañía ya opera más de 100 mil furgonetas eléctricas Rivian en Estados Unidos y Europa, y al mismo tiempo avanza en infraestructura de carga para camiones pesados Volvo y Mercedes-Benz, con lo que su estrategia deja de concentrarse solo en la última milla y empieza a cubrir también trayectos intermedios de distribución.
DHL mantiene una ruta parecida, aunque con un enfoque multimodal. El grupo reporta más de 50 mil vehículos eléctricos en circulación y una meta de electrificar 66% de su flota de última milla hacia 2030. A eso suma su apuesta por combustible sostenible para aviación, con el objetivo de alcanzar una mezcla de 30% de SAF en transporte aéreo para ese mismo año.
IKEA, a través de Grupo Ingka, ha concentrado parte de su estrategia en entregas urbanas sin emisiones. La empresa ya alcanzó repartos 100% libres de emisiones en ciudades como Nueva York, París y Shanghái, y además usa su red logística para apoyar recolección de muebles destinados a reciclaje o reutilización.
UPS combina electrificación con software de optimización de rutas. La empresa integró 10 mil unidades Arrival y mantiene también operaciones con bicicletas de carga y quads eléctricos en ciudades donde las restricciones a vehículos de combustión se han endurecido. Su sistema ORION, apoyado en inteligencia artificial, se usa para reducir consumo energético y mejorar eficiencia en recorridos urbanos.
Walmart ha llevado este cambio a una red de gran volumen. La compañía ya electrificó 40% de sus camiones de patio en centros de distribución y se ha convertido en uno de los principales operadores comerciales del Tesla Semi en entregas regionales de corta distancia. Además, a través de Proyecto Gigaton, también exige datos de intensidad de carbono a parte de sus proveedores logísticos.
En el caso de Schneider Electric, la flota ya no solo cumple una función de transporte. La empresa reporta más de 40 mil vehículos eléctricos y trabaja con un modelo vehículo a red que permite devolver energía a edificios durante horas pico. Esa lógica convierte a la flota en un activo energético, no solo logístico.
FedEx mantiene una transición más gradual, pero con metas definidas. Su plan Move70 plantea que 50% de sus compras de vehículos PUD sean eléctricas, mientras incorpora furgonetas BrightDrop en mercados como California y Londres y retira de manera progresiva motores de combustión menos eficientes.
PepsiCo, por su parte, ha llevado esta transformación a operaciones más pesadas y complejas. La planta de Frito-Lay en Modesto fue presentada como un ejemplo de descarbonización aplicada, con una flota casi totalmente libre de emisiones que incluye tractores eléctricos, vans y remolques refrigerados, además de pruebas con camiones pesados impulsados por hidrógeno para recorridos más largos.
Lo que muestran estos casos es que la movilidad sostenible ya no se está jugando solo en el terreno del discurso ambiental. En estas empresas, el cambio pasa por infraestructura de carga, rediseño de rutas, renovación de activos y nuevas formas de medir emisiones dentro de la operación diaria.



