Grupo CISA destaca en el 17° Congreso Internacional de Transporte que la inclusión femenina requiere capacitación y compromiso real

El 17° Congreso Internacional de Transporte, realizado en la Ciudad de México y concluido el 8 de mayo, dejó sobre la mesa uno de los desafíos más importantes para el sector: abrir más espacios para las mujeres en el transporte de carga y pasaje, pero hacerlo con condiciones reales de capacitación, seguridad y desarrollo profesional.

Durante el panel “Conduciendo el cambio: inclusión y profesionalización en el transporte”, especialistas coincidieron en que la participación femenina no puede quedarse en un mensaje institucional o en una fotografía de inclusión. Para que más mujeres entren y permanezcan en el sector, se necesita acompañamiento empresarial, infraestructura adecuada, procesos de formación sensibles y oportunidades de crecimiento.

En ese contexto, Rogelio Aguilera, director de Capital Humano de Grupo CISA, señaló que la inclusión debe entenderse como “un viaje de todos”. Su planteamiento apuntó a un tema central: no basta con abrir espacios, también hay que formar a las mujeres para que puedan ocuparlos con preparación, experiencia y una voz profesional dentro de la operación.

Aguilera destacó que el siguiente paso para el sector debe ser brindar más espacios de capacitación, de manera que las mujeres se conviertan en expertas y puedan tener mayor peso desde su posición profesional. Esta visión conecta directamente con uno de los grandes retos del transporte en México: profesionalizar al capital humano para construir servicios más seguros, eficientes y sostenibles.

La postura fue compartida por Paola Moncada, presidenta y cofundadora de la Asociación de Mujeres Operadoras, quien insistió en que la capacitación es la herramienta que puede abrir puertas reales para las mujeres dentro del sector. “Mujeres, capacítense”, fue una de las ideas centrales de su intervención, al advertir que la preparación será clave para ocupar posiciones y sostenerlas en el tiempo.

Moncada también fue clara al señalar que la inclusión no puede usarse como estrategia de imagen. El transporte, dijo, trata con la vida de personas y familias que apuestan por estos proyectos, por lo que las empresas deben asumir el tema con seriedad. No se trata solo de contratar mujeres, sino de construir condiciones para que puedan trabajar de forma segura y digna.

Las barreras aún son concretas. Durante el panel se habló de la falta de dormitorios exclusivos para mujeres, baños y regaderas seguras, paraderos adecuados en carretera y espacios pensados desde una realidad distinta a la masculina. Muchas instalaciones fueron diseñadas durante años para operadores hombres, lo que hoy limita la incorporación y permanencia de mujeres en rutas largas o actividades operativas.

También se abordaron obstáculos dentro de los propios procesos de formación. Moncada explicó que muchas mujeres ingresan sin experiencia previa y requieren capacitación de entre cuatro y seis meses. En ese camino pueden enfrentar presión excesiva, comentarios desmotivantes, falta de sensibilidad por parte de instructores, acoso y hostigamiento. Por eso, el acompañamiento empresarial no puede ser solo técnico, también debe ser humano.

El tema tiene además una dimensión económica y operativa. Los especialistas reunidos en el Congreso señalaron que la incorporación de mujeres puede contribuir a mejorar indicadores de seguridad, disciplina operativa, consumo de combustible y siniestralidad. Es decir, la inclusión no debe verse únicamente como una causa social, sino también como una decisión que puede fortalecer la operación del transporte.

Uno de los ejemplos presentados fue el programa “Mujeres Conduciendo el Cambio”, impulsado por Scania México en alianza con la GIZ, que busca capacitar y vincular laboralmente a conductoras, técnicas e ingenieras. Rodolfo Hernández, coordinador del proyecto, explicó que existe una demanda real de mujeres interesadas en conducir vehículos pesados, con convocatorias que reciben entre 180 y 250 solicitudes.

Ese dato confirma que el interés existe. El reto, entonces, está en allanar el camino: reducir barreras económicas, facilitar licencias y cursos, considerar las responsabilidades familiares y crear entornos laborales donde las mujeres puedan desarrollarse sin tener que enfrentar obstáculos adicionales por su género.

El 17° Congreso Internacional de Transporte dejó claro que la inclusión femenina en el sector requiere mucho más que voluntad. Necesita empresas comprometidas, como Grupo CISA desde su enfoque de capital humano, autoridades sensibles, programas de formación y una visión compartida entre hombres y mujeres. Porque incorporar más mujeres al transporte no significa quitar espacios, sino ampliar las oportunidades para construir un sector más profesional, seguro y humano.

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