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Retos pendientes del voluntariado corporativo

Retos pendientes del voluntariado corporativo
Emilio Guerra Díaz

Sin duda el avance de los esfuerzos voluntarios desde las corporaciones en México va en aumento. Hoy se tienen programas más maduros, algunos voluntariados están enfrentando nuevos retos medioambientales y otros más probaron su eficiencia al participar atendiendo las emergencias provocadas por los sismos del mes de septiembre 2017.

La pasada gran eventualidad que afectó a Oaxaca, Chiapas, Puebla, Guerrero, Morelos y la Ciudad de México refrendó la recomendación que desde más de un lustro ha venido señalando la Alianza Mexicana de Voluntariado respecto a la creación de programas de voluntariado corporativo que pueden incluir los dos temas “anclados”: protección civil y medio ambiente, (independientemente de que las actividades estén alineadas al Core Business) y la respuesta empresarial para encausar la solidaridad de los empleados en iniciativas propias.

Sin embargo, el Voluntariado Corporativo enfrenta desafíos para su consolidación. Estas son algunas reflexiones:

Desmitificar hacia dónde se enfocan los esfuerzos voluntarios.

No queda claro de dónde viene la tendencia de señalar que los voluntariados deben enfocarse sólo al desarrollo y que la asistencia “ha quedado atrás”. Al parecer es un cliché que “viste” a quien lo expresa. Gran parte de las acciones voluntarias de la empresa son de asistencia, y la urgencia de quien se apoya es una excelente forma de robustecer la reputación corporativa.

Emprender acciones de resiliencia.

Las emergencias que han sido atendidas por voluntarios de la empresa o de organizaciones de la sociedad civil aliadas, requieren de apoyo para renovar su vitalidad. Durante septiembre algunas personas voluntarias enfrentaron tremendas adversidades: Fallecimientos, heridos, tragedias, etc. y es indispensable apoyo profesional en resiliencia.

Medición.

Tradicionalmente, existen dos unidades de medida de las acciones voluntarias, contabilizar el número de ellas o bien, llevar un récord de las horas/hombre aportadas; pues se hace necesario tener datos reales. Se precisa honestidad de las y los coordinadores en el registro. La presión por el reporte con los directivos y “sorprenderlos” puede ser una tentación para alterar los números al alza. Hay que tener cuidado con la anotación de beneficiarios directos e indirectos. Recordar que la medición por sí misma no dice nada. De qué sirve señalar: “nuestros empleados dieron 20 mil horas” si no se señalan las transformaciones provocadas, pero no sólo en la comunidad, sino también en las personas voluntarias y en la propia empresa.

Premios y reconocimientos.

Aún falta apuntalar el reconocimiento de la participación de las personas que prestan servicio voluntario. Se tendría que diferenciar cuando el empleado dona parte de su tiempo de descanso (dirían los españoles, de ocio) a favor de la empresa y cuando la corporación dona el tiempo laboral del empleado. Los premios son necesarios porque estimulan la participación de otras personas que han quedado sólo a la expectativa.

Evaluación de resultados.

Es necesaria una metodología ad hoc para analizar la relación entre objetivos y metas alcanzadas. Esa es una práctica que a menudo se confunde indistintamente con la evaluación de impacto y como dice el especialista Kenn Allen,

“en ocasiones las empresas suelen centrar su atención en comunicar su propio desempeño referente a las iniciativas comunitarias (voluntarias) en oposición a los cambios o beneficios que se producen”

que luego se consideran como impacto social. Al tiempo, también se pone atención a la necesidad de estructura el retorno de inversión para la empresa.

Evaluación de Impacto Social.

Existen distintas metodologías para este tipo de práctica. Dependiendo de la escuela se darán los énfasis. Hay una constante que percibe la empresa pues estima que los impactos sólo se ven a largo plazo. Esto origina que se crea que hay que contratar a especialistas para averiguarlos, lo que encarece el programa. Otra metodología es la que asigna a los coordinadores en que pongan atención a todas las etapas del proyecto o actividad voluntaria pues impactos y efectos son detectados en todas las etapas. De cualquier manera, es el ejercicio menos consolidado en programas de voluntariado en general y, en particular, los de las empresas. Comunicación efectiva. Se recomienda que se hable de las transformaciones no de los datos aislados o cifras impresionantes. La comunicación de este tipo proviene precisamente de la evaluación de impacto, no sólo de los resultados, y abarca tanto a la comunidad beneficiada como a la empresa y las personas voluntarias participantes.

*Consejero de la Alianza Mexicana de Voluntariado
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