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La lucha de la mujer del siglo XXI

Por Diana García, Directora ejecutiva de Fondo Unido-United Way México.

 

Hoy tenemos el privilegio de presenciar a una generación de mujeres con voz propia, independientes, que tenemos claros nuestros derechos y que continuamente recordamos el valor social, económico y personal que le aportamos al mundo. No hay vuelta atrás, solo hay un futuro con una visión en la que realmente logremos vivir unidos en un mundo de inclusión.

Sin embargo, sabemos que esta no es la realidad de todas las mujeres y que llegar hasta este punto, hace menos de 100 años, era inimaginable. Fue hasta 1975, después de más de 70 años de intentos de conmemoración y de la defensa del lugar de la mujer frente al hombre en igualdad, que oficialmente se decreta el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

En esta lucha, los organismos internacionales y la sociedad civil han sido piezas clave para recordar y seguir avanzando hacia el estado deseado de igualdad, equidad y respeto para las mujeres. Conmemorar esta fecha, año tras año, nos debe permitir hacer un alto para seguir honrando el camino recorrido, garantizando el empoderamiento, pero, sobre todo, garantizando los derechos básicos que deben tener las mujeres para su pleno desarrollo.

Siendo que la mujer debe ser parte de la creación de soluciones y evolución de las sociedades de futuro1, las Naciones Unidas indica que la brecha digital se está ampliando y que las mujeres están insuficientemente representadas en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería las matemáticas y el diseño. De aquí que invertir en estos campos para el desarrollo de niñas y jóvenes, garantiza soluciones innovadoras que aceleren la inclusión de género para construir el futuro de nuestra sociedad.

Hoy más que nunca, la inclusión debe ser un eje principal en las intervenciones comunitarias y en el lenguaje corporativo, impulsando la agenda de las organizaciones sin fines de lucro, de gobiernos, de organizaciones de cooperación internacional y de la industria privada. A través de estrategias de responsabilidad social se debiera dar espacio al desarrollo de una sociedad equitativa e incluyente. En el momento actual, hacer hincapié en integrar y reflejar la lucha que hemos sostenido las mujeres durante décadas, debe ser el primer paso para integrar a una sociedad en la que quepamos todas y todos, independientemente de nuestro género.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de manera transversal desde distintos enfoques tienen como principio la inclusión. Por ejemplo, desde el punto de vista de la educación, se destaca la importancia de “velar porque todas las niñas y niños terminen los ciclos de enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser de calidad, gratuita y equitativa.” Este objetivo espera resultados pertinentes y efectivos en el ámbito de la educación tanto para niñas como para niños.

Por otra parte, la agenda 2030 hace importante foco en “Procurar que todas las niñas y niños tengan accesos de atención y desarrollo en la primera infancia, la preescolar, para estar preparados para le educación primaria” partiendo de que de acuerdo a los estudios realizados por James Heckman, hay un 13 % de retorno de la inversión realizada en el desarrollo infantil temprano2. El análisis de Heckman también hace referencia a las diferencias que hay en el retorno de inversión en niños que en niñas. Por ejemplo, en niños se puede alcanzar hasta un 14 % de retorno de inversión desde el desarrollo infantil temprano, mientras que, en las niñas, sólo un 10 % en promedio. Esto debido a que, en el mercado laboral, sus probabilidades de éxito hacen que baje de un 7 % a un 10 % el retorno de inversión.3

En mi calidad de profesional de sector social, mujer y madre, destaco y resalto la importancia de esta meta que involucra una serie de factores que no son detectados a simple vista. La primera infancia y el embarazo son variables de alto valor para el desarrollo. Por ejemplo, los retos que enfrentan las mujeres trabajadoras de tiempo completo durante el embarazo, reincorporación laboral y la implicación de una posible discriminación por la ausencia de la licencia de maternidad, lactancia y cuidado de los niños en sus primeros años: esto desde el lado de la madre. Cabe destacar que en nuestros países latinoamericanos como lo mencionan diversos estudios, la participación del hombre y la mujer en tareas de crianza y hogar definitivamente no son equitativas, inclusive el tiempo invertido en tareas domésticas por parte de la mujer trabajadora de tiempo completo puede llegar a ser el doble de tiempo que el del hombre.

 

Hoy, somos relevantes para el diseño de políticas públicas, planes de responsabilidad social, toma de decisiones comunitarias y dinámica de negociación en el hogar: todo cuenta.

 

1 Organización de las Naciones Unidas, https://www.un.org/es/events/womensday/index.shtml, (consulta en enero 2020)
2 Heckman, James. FAQ for The Lifecycle Benefits of Influencial Early Chilhood Program. https://heckmanequation.org/ resource/faq-lifecycle-benefits-influential-early-childhood-program/, (Consulta en enero 2020).
3 Heckman, James. FAQ for The Lifecycle Benefits of Influencial Early Chilhood Program. https://heckmanequation.org/ resource/faq-lifecycle-benefits-influential-early-childhood-program/, (consulta en enero 2020).
4 Cain Miller, Clare. “La Desigualdad de género empieza con tareas de la casa”, The New York Times, https://www.nytimes. com/es/2018/08/15/espanol/desigualdad-genero-quehaceres-domesticos.html, (agosto 2018).
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