Crisis: catapulta de la sostenibilidad

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Cristel Rábago

Hace 20 años, las empresas que asumían la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) eran las más grandes y generalmente lo hacían con el compromiso de mejorar su entorno en un intento de regresar a la sociedad lo que habían tomado de ella,  este concepto ha evolucionado y hoy en día sabemos que más que una hipoteca social o responsabilidad moral de las empresas,  se trata de una estrategia de competitividad que aplica a emprendedores, MiPymes y grandes por igual y que representa un camino para ser sostenibles en el largo plazo.

Hoy no podemos ser espectadores ajenos a una realidad que nos lastima, nos preocupa y nos puede hacer sentir sobrepasados, pero si podemos desde la empresa ejecutar acciones específicas alineadas a contribuir a los retos globales desde la acción local.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la meta nacional para disminuir las emisiones de carbono (NDC) no serán posibles sin la participación de las empresas, de todas, no importa el giro, el tamaño, el sector o los años en el mercado, todos podemos y debemos poner nuestra parte para que no sea una utopía sino que realmente suceda y la década de la acción que iniciamos este año será fundamental para lograrlo.

Lo anterior no solo porque es “bueno” (que si lo es) sino porque nos conviene como empresas de muchas maneras:

  • Estamos interconectados y somos interdependientes

El virus del covid-19 vino a hacernos un recordatorio de nuestra vulnerabilidad y nuestra interdependencia, nos hizo evidente y palpable en nuestro presente el hecho de que lo que afecta a una persona, tiene un efecto en todas, por lo que no puede haber empresas sanas o economías sólidas en un planeta con tantos retos en materia social y ambiental.

El bien de todos es el bien propio.

 

  • Nos hace más competitivos y rentables

Que nuestras empresas sean socialmente responsables y sostenibles eleva la competitividad en un mercado cada vez más demandante y preocupado por los impactos sociales y ambientales.

Según el último estudio de Zeno group publicado por CSR, llamado Zeno strenght of purpose 2020, que encuestó a más de 8,000 personas en 8 países (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, China e India) los consumidores son de cuatro a seis veces más propensos a comprar, confiar y defender a las empresas que tienen un propósito fuerte.

Mientras que, según los estudios de la UNAM y de Kantar sobre tendencias de consumo, el 84% de los consumidores están dispuestos a pagar más por marcas responsables y sostenibles mientras que el 71% busca productos con el menor daño ambiental posible.

Por otro lado, las empresas que ya tienen prácticas o sistemas de gestión socialmente responsables o sostenibles, tienen un enorme potencial para promover la cultura de la sostenibilidad en su cadena de valor, potencializando su impacto y por tanto ampliando su acceso a dicho mercado.

 

  • Nos ayuda a minimizar y gestionar riesgos

Sabemos que la RSE parte del cumplimiento de la ley, por eso es fundamental que el compliance y la estrategia de sostenibilidad vayan de la mano. Además, el entender y ser empáticos con las necesidades de todos nuestros grupos de interés puede evitar dejar la puerta abierta para una omisión o incluso una acción en nuestra contra, previniendo problemas económicos, laborales, penales, mediáticos, reputacionales o incluso que pongan en riesgo la subsistencia misma de la empresa.

 

  • Para ser resilientes ante las crisis y sostenibles en el largo plazo

Nadie estábamos preparados para una crisis como la que estamos viviendo, pero una verdadera estrategia integral de sostenibilidad que vaya alineada al negocio puede ayudar a superar esta y futuras crisis, creando valor para todos los grupos de interés.

El hecho de gestionar e informar los indicadores socio ambientales con el mismo rigor que se gestionan e informan los indicadores financieros nos permitirá contar con una licencia social sólida y crear lealtad tanto al interior como al exterior de la empresa, generando valor compartido y estratégico, más allá de filantrópico.

Por otro lado, en los últimos años se ha visto una tendencia de los inversionistas a buscar empresas sustentables para invertir sus recursos en ellas, bajo la lógica de que una empresa que sea sustentable generará valor a largo plazo y estará mejor preparada para lidiar con los retos económicos, sociales y ambientales que se le presenten, por lo tanto, es más probable que haga crecer su inversión.

Como todas las grandes transformaciones históricas, estamos en la antesala de un cambio necesario para evitar y mitigar el calentamiento global así como para reconstruir el tejido social y dar a los empresarios el lugar que tienen como personas que apuestan todo su tiempo, esfuerzo y recursos para materializar un sueño, para satisfacer una necesidad de la población, que luchan todos los días por mantener a flote el barco y que son los verdaderos generadores de riqueza y empleo en el país.

El 2020 sin duda será un año que marcará nuestras vidas y nuestras empresas, pero esperemos recordarlo como un año que fue un parteaguas para reconstruir nuestra economía de una manera más justa, consciente, responsable y sostenible.

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