Ya lo decían los tres mosqueteros

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Por José Díez Deustua,  Profesor del área de Factor Humano de IPADE Business School.

Todos para uno. Uno para todos. Esta es la célebre frase que se decían los tres mosqueteros antes de emprender un combate. Todos para uno y uno para todos. Así de sencillo de decir. Así de difícil de llevar a cabo.

Esta frase, escrita por Alexandre Dumas, me parece que define a la perfección qué significa buscar el Bien Común. Ese bien superior que es “común” a todos, que es propiedad de todos, que pertenece a todos. Se trata de buscar el Bien Común, que no es lo mismo que el Bien de la Mayoría. Un bien por tanto de todos, de cada uno. Por eso cuando en 1970, Milton Friedman argumentó que la única responsabilidad social de las empresas era maximizar las ganancias, en el fondo estaba apostando no tanto por el Bien Común, sino por el de unos pocos.

Friedman no hubiera podido ser uno de los mosqueteros de la Reina de Francia porque no entendió la profundidad del Todos para uno y uno para todos. Para él la frase era más bien: todos para algunos, y los otros que hagan lo que puedan. Esos “algunos” eran los accionistas, los propietarios. Y eran ellos los que, según su voluntad, podrían destinar esos beneficios a otras cosas.

Ese es el sentido del uno para todos. Cada uno -empresario, político, educador, etc.- es para todos. Cada uno es importante. Cada uno tiene la responsabilidad de aportar lo que le corresponde, porque el todos está en función del uno.

Estos beneficios, solo se devolverían a los propietarios de la empresa (los accionistas, en cuyo nombre la administración debería actuar legítimamente) y, si ellos querían, podrían destinarse a fines benéficos como los accionistas lo consideraran oportuno. Por tanto, si por the business of business is business (célebre frase atribuida a Friedman y a todos los que siguen su pensamiento) se identifica con simplemente procurar beneficios para los accionistas, nos las tendremos que ver con los tres mosqueteros. Sin embargo, si se entiende como la aportación específica que cada negocio tiene que hacer para la consecución del Bien Común, entonces podremos estar al servicio de la Reina de Francia.

Es precisamente por eso -desde el uno se apuntala el todos- que el todos tiene que procurar que el uno haga de uno. Lo tiene que proteger, lo tiene que procurar, lo tiene que incluir, no lo puede dejar de lado, porque el todos está compuesto por cada uno. Es como un rompecabezas. Cada pieza es fundamental. No podríamos decir que el rompecabezas está listo si faltan algunas piezas, aunque sólo sea una. No sería suficiente con decir que están la mayoría de las piezas. Al igual que en una familia, no es suficiente con que estén la mayoría, queremos – ¡necesitamos! – que estén todos. De igual manera con el Bien Común.

El fundamento de la convivencia es la necesidad en que nos vemos de ayudarnos los unos a los otros para la mejor adquisición de los bienes que todos precisamos. En este mutuo ayudarse, las personas que forman parte de la sociedad son algo parecido a lo que ocurre dentro de un ser viviente, entre las partes de que este se compone. Cada una de esas partes tiene una función específica importante para el cuerpo, y el organismo entero marcha bien cuando cada uno de sus miembros realiza adecuadamente su función al disponer de las condiciones necesarias.

Al igual que en la sociedad, en un organismo vivo, la unidad no consiste en que cada una de las partes haga precisamente lo mismo que las otras, sino que cada parte haga “lo suyo”. Y así en el ser humano las diversas funciones corren a cargo de órganos diferentes que hacen cosas diferentes, que están “especializados”, de tal manera que, si alguna de estas partes no funciona, repercute en todo el organismo. Por otro lado, tal y como decía Antonio Millán Puelles “es preciso decir que el bien común no es únicamente el que requiere que todos hagan algo para lograrlo, sino también aquel en el que todos pueden participar y del que todos tienen derecho a beneficiarse”.

Por tanto, actores distintos, con papeles distintos, todos importantes, todos necesarios, con un objetivo común, de todos, para todos: el Bien Común. Por eso siempre nos podrá ayudar acudir a los tres mosqueteros:

unos para todos, y todos para uno

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