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De las comunidades originarias y la RSE

De las comunidades originarias y la RSE
Rodrigo Kambayashi*

Definición de la palabra indígena:

Real Academia de la Lengua Española

INDÍGENA Del lat. indigĕna.

1. adj. Originario del país delque se trata. Apl. a pers., u. t. c. s. ruipóntico indígena

…Y ¿QUIÉNES NO LO SOMOS?

De términos y dicotomías

Los usos de las palabras evolucionan en función de su utilización cotidiana, y este hecho lo reflejan bien las diferencias de la RAE. En 1925, discriminar, significaba una separación. El mismo término en 1970, hace referencia a un trato de inferioridad por motivos raciales. Es decir, consolida la “superioridad social” de aquellos que discriminan sobre los discriminados.

Por estas razones, este artículo rechaza categóricamente el uso de la palabra indígena a pesar de que el artículo entero gire en torno a este concepto comúnmente utilizado.

A pesar de que en México existe la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas desde el 2003, que reemplaza al Instituto Nacional Indigenista nacida en 1948, además de la necesidad de su existencia y algunos grandes aciertos, creo que existe un error muy representativo que radica en el nombre mismo de la Comisión a cargo.

México es una dualidad rica en discusiones. Por un lado, frente a autoridades mundiales presumimos nuestra riqueza cultural y gastronómica que debemos casi en su totalidad al esfuerzo descomunal de las comunidades indígenas de todo el territorio mexicano por preservar sus tradiciones, sus patrimonios. Del otro lado, tenemos a las mismas autoridades, que imponen sistemas de tal modo que estas comunidades son las más vulnerables del país. Las presumimos, pero no hacemos lo suficiente para preservarlas.

Un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI (Schmelkes, 2013) nos expone una fotografía de las más acertadas sobre la población indígena y sus problemas de medición. Existen más de 7 millones de hablantes de lenguas indígenas donde 89.7% de ellos viven por debajo de la línea de pobreza. Los índices más bajos de desarrollo humano del país. Estas dos visiones nos llevan a la necesidad de incorporar nuevos modelos para asegurar un desarrollo mucho más equilibrado entre las comunidades originarias y las neomestizas que componen nuestro país. Factores que deberían de enaltecer lo diverso y encontrar la fortaleza de cada una de ellas.

Por estos motivos, prefiero usar el término de originario1.

Este término pone en valor las características más arraigadas de nuestra cultura frente a una realidad moderna y sobre urbanizada sin ánimo de dividir, sino todo lo contrario. El objetivo de nombrar correctamente es respetar estas comunidades originarias como un acto de reconocimiento y sobre todo de visibilidad en una sociedad actual donde el poder se concentra en las grandes urbes y por lo tanto en su realidad conexa. Una reeducación nos permite dialogar desde una misma base, una de respeto entre iguales exaltando lo mejor de cada uno.

Visión actual de las empresas y las comunidades originarias

Dejando esto en claro, el objetivo de este artículo es explorar las posibilidades de colaboración entre comunidades rurales y empresas, que hasta ahora ha sido tocado desde una perspectiva generalmente asistencialista, misma que la convierte en una relación dependiente e inestable, aunque en una realidad mexicana tan compleja, a veces también necesaria.

Tal es el caso de Promotora Azucarera, OHL México, Flecha Roja y el Colegio de Notarios de México que apadrinan niños de comunidades rurales que están por debajo de un umbral mínimo y los apoya con paquetes de útiles escolares, así como apoyos económicos.

Este programa es coordinado por el Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México. Sin embargo, las comunidades rurales viven una realidad diferente donde no siempre es justo victimizarlas. Al contrario, tomarlas como ejemplo dado que su estilo de vida es más cercano con su entorno, tanto social como natural. Justo las tendencias más “modernas” de nuestros hábitos tanto productivos como de consumo. Las comunidades originarias constituyen un repositorio auténtico del pasado de nuestra humanidad, y con ella, todo el conocimiento generado dentro un contexto local; a la vez son un espejo hacia el pasado donde se refleja nuestro futuro.

Esta versión armonizada de una civilización en paz con su tierra nos da pistas continuas de mejora en nuestro sistema imperfecto de mercado actual donde la responsabilidad social empresarial puede jugar un papel clave en esta revalorización apócrifa de las actividades indígenas y su relación con las grandes multinacionales.

Una de las particularidades de la Responsabilidad Social Empresarial es su larga gama de definiciones, entre las cuales podemos destacar ese impulso por incluir participantes interesados en las cadenas productivas de las empresas. Esta relación depende de las características de las partes interesadas, pero sobre todo por su capacidad de producir u ofrecer un servicio que sea valorado en el mercado. Y es ahí, donde se abre una brecha de posibilidades lejos de los modelos asistencialistas de las empresas hacia las comunidades originarias.

Emprendimiento de las Comunidades Originarias

Una de las ideas claves del emprendimiento social es utilizar la lógica de mercado a partir de una crisis para generar una oportunidad.

Fuera de los clichés de turismo cultural que las comunidades originarias pueden realizar bajo una lógica de mercado, creo que el concepto de emprendimiento social puede llegar más lejos para incorporar las ventajas del sistema actual en las necesidades de las comunidades originarias sin dañar ni poner en riesgo tanto a su población como a sus costumbres.

Un mal ejemplo, pero representativo

Carolina Herrera utilizó en su nueva colección claros patrones de comunidades originarias. La secretaría de cultura Alejandra Fausto expresó su desacuerdo, y entre otras cosas, le preguntó si las comunidades originarias se verían beneficiadas de alguna manera. Si esta acción se hubiese llevado a cabo de manera consensual, donde existiera un beneficio mutuo y sistemático, hubiese sido un mejor ejemplo. Independientemente de la falta de un cuadro legal que promueva estas alianzas, tenemos un órgano colegial demasiado institucionalizado, descoordinado y con poca estrategia para que este tipo de coaliciones sean ágiles, justo y por lo tanto benéficos para ambas partes.

Ejemplo en gastronomía prehispánica y productos de consumo

Fuera de la industria de la moda que tiene mucho potencial, pensemos bajo una lógica de mercado en otros sectores, ¿cuáles podrían ser las grandes ventajas competitivas de las comunidades originarias?, ¿cuántos productos no conocemos sobre la gastronomía prehispánica? En el tema de desarrollo de nuevos productos, la Dirección de innovación de más de una empresa podría encontrar fuentes de inspiración para nuevos productos. ¿Qué grandes empresas estarían dispuestas a apoyar esta iniciativa en términos de distribución? ¿Imaginamos un nuevo anaquel de productos ancestrales, ricos, nutritivos, locales y además bio?, ¿y si agregamos la comodidad de las plataformas digital con entregas a domicilio?

La desventaja existe en las grandes fuerzas que controlan el mercado actual, así como una incipiente organización del sector del emprendimiento social en México donde se aplaude la inspiradora visita de Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz y padre del emprendimiento social conocido alrededor del mundo por haber concebido el sistema de microcréditos para combatir la pobreza a través de los negocios sociales, mismos que crean valor económico y generan un impacto social positivo. Las grandes multinacionales deberían de tener en cuenta a este sector que está en pleno crecimiento como parte de sus actividades de responsabilidad social.

No es que los miembros de las comunidades originarias sean pobres por ellos mismos, sino que es el sistema que creamos día a día lo que los ha orillado a esto. El sistema económico actual necesita una sacudida para poder ordenar sus prioridades.

Tenemos que sustituir sus pilares por otros más sólidos con una visión que privilegie una distribución justa de las oportunidades bajo una lógica que perdure con el tiempo y que nos convenga a todos.

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