Ética Y Negocio

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Por Jorge Llaguno Sañudo / Profesor del área de Factor Humano de IPADE Business School

Todos tenemos una noción positiva de la ética y de la importancia de “portarnos bien”. Seguir las reglas, cumplir los compromisos, hablar con la verdad, etcétera… hasta que llega el momento de tomar decisiones difíciles, de afrontar pérdidas. Entonces, la ética ya no parece tan relevante. En el mundo de los negocios, la ética parece un juego de suma cero: o buscamos el bien o conseguimos el éxito, pero no ambas cosas. O logramos los objetivos o seguimos las reglas. O el dinero o la moral. Pensamos en la ética como un “buen deseo”, no como una realidad.

Cuando percibimos ética y negocio como conceptos mutuamente excluyentes, incompatibles, generamos un marco de referencia que contrapone el éxito material a la ética. La etiqueta de “costo”. De esta forma, se vuelve una competencia injusta. Tratar de ser ético es asumir costos que los rivales no enfrentan. Por tanto, desechamos la posibilidad del bien como meta. Hacer el bien es un “esfuerzo”, es “costoso”.

No se trata de ética o negocio

Se trata de ética Y negocio

Alcanzar objetivos que nos hagan crecer

Recientemente, se hizo público que las grandes empresas de tecnología, entre ellas Google y Microsoft, habían despedido a sus equipos de ética en inteligencia artificial, y se especuló que fue debido a que estaban frenando el avance en dichas investigaciones. No sería la primera vez que algo así ocurre, pero, sin duda, sí que impacta lo que podemos esperar en el futuro: más negocio y menos ética.

Hace pocos años surgió una corriente de pensamiento denominada “capitalismo consciente” que busca enfrentar la dicotomía anterior. Plantean una idea muy simple pero poderosa: cambiar la “o” por la “y”. No se trata de ética o negocio. Se trata de ética Y negocio. Se trata de dignidad a la persona Y buenas utilidades. Alcanzar objetivos Y derrama de bienes para todos los colaboradores. Accionistas Y colaboradores. Empresa Y sociedad.

Plantear un marco de referencia colaborativo en vez de uno excluyente nos lleva a pensar en todas las personas de la ecuación como contribuidores y beneficiarios del éxito. En vez de mirar a los empleados como “costos” a los que hay que “eficientar” y “minimizar” (como están haciendo hoy las grandes corporaciones americanas), se trata de verlos como “socios” y lograr que aporten más allá de su trabajo manual, que contribuyan con su inteligencia, su creatividad, su lealtad y su compromiso.

El sábado 3 de junio, la agencia Reuters publicó el despido de 75 personas de Disney Pixar, presumiblemente debido a su relación con el fracaso de la película Lightyear. Entre ellos se encontraba Galyn Susman, empleada desde 1995 y productora de éxitos como Ratatouille y Toy Story 4, además de colaborar activamente en otras como Cars 3, Up, Monsters Inc., y Finding Nemo. No sólo eso. Susman es famosa pues rescató la producción de Toy Story 2 gracias a que tenía un respaldo completo (se encontraba en período de maternidad, laborando desde casa).

Despedir a una persona por un mal proyecto habla más de vísceras que de cerebro. Pero despedir a una colaboradora que lleva 28 años y ha contribuido a algunos de los más grandes éxitos (y que nos salvó el pellejo en alguna ocasión), para “mandar un buen mensaje a los accionistas”, es anteponer de nuevo el éxito material a la dignidad personal. La ética no sólo es no robar y no mentir. La ética es también crear comunidades fuertes, confiables, leales y exitosas. Disney no lo entiende y muchas empresas tampoco.

No tomar en cuenta a la ética, a la larga, termina por volverse en contra nuestra. Desde hace algunos años, crecen las críticas a nuestro sistema económico actual: la concentración de la riqueza, la inflación que sólo afecta los precios de los bienes y servicios, pero no se refleja igual en los salarios. El precio de los inmuebles y la educación se han vuelto prohibitivos para la mayoría de la población. Muchos jóvenes no pueden aspirar a esos bienes ni remotamente, cuando sus padres sí que tuvieron alcance a ellos a tempranas edades. El capitalismo y la democracia le están fallando a las juventudes y al futuro en general. Y en el fondo, el problema ha sido ético. Más concretamente, ha sido un marco de referencia erróneo: usar la “o” en vez de la “y”.  Debemos fomentar activamente este cambio de referencia: “ética Y negocio”.

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