El más grande reto en la agenda de todo empresario con compromiso social

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Nuestro planeta está agonizando como resultado de un modelo económico y social insostenible que pocos se atreven a cuestionar.

Por Jorge A. Uribe maza, Director Comercial en IPS de México

“Si funciona, no lo arregles”suele ser un principio de practicidad que aplica desde la vida cotidiana hasta los modelos de negocio.

La idea detrás es que es preferible defender la estabilidad en la medida que todo indique que hay que continuar con la obtención de resultados en el mediano plazo. Esta lógica es muy tentadora cuando los cambios implican un esfuerzo considerable en un entorno de mucha incertidumbre: ante la duda, la mejor opción parece ser preservar el statu quo.

Sin embargo, desde hace algunas décadas, prácticamente toda la evidencia científica apunta a una misma dirección: el equilibrio en todos los ecosistemas del planeta se está perdiendo a un ritmo acelerado.

El Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, constituido desde los años ochenta, ha compilado durante casi 40 años los estudios de la comunidad científica a nivel global. Las conclusiones son claras y contundentes: nuestro modelo actual llevará en menos de una generación a una catástrofe no solo ambiental, sino humanitaria.

Los estudios proyectan un aumento de 5 grados centígrados o más en la temperatura promedio del planeta para 2100, en caso de mantener el modelo actual.

Con este escenario, la siguiente generación tendrá que enfrentar hambrunas y migraciones sin precedentes, derivadas de conflictos locales e internacionales consecuencia de enfermedades, sequías, falta de agua y energía, inundaciones, huracanes y otros eventos climáticos extremos que son resultado directo del calentamiento global.

El tema ha conseguido posicionarse en diversos foros, llevando a las empresas a tomar algunas medidas para mostrar un compromiso ambiental.

Con miras a obtener un certificado verde que facilite los negocios, se han adoptado prácticas de reciclaje, reforestación, disminución de uso del papel, uso de vehículos eléctricos y últimamente la implementación o mantenimiento del trabajo en casa.

No obstante, estas medidas son simbólicas si se contrastan con el cambio estructural requerido en la forma de operar de todas las industrias.

Hoy en día, la huella anual de carbono por persona ronda en las 7 toneladas de CO2, aunque países desarrollados como EstadosUnidos triplican el promedio. Esto se deriva de la dinámica de consumo y producción, donde para alimentar, transportar y sostener el consumo de bienes y servicios de 8 mil millones de personas, fue necesario incrementar de forma exponencial el consumo de energía, la cual en su mayoría es generada a partir de la quema de combustibles fósiles, es decir, petróleo, carbón y gas.

Las llamadas energías limpias (solar, eólica, hidro y nuclear), si bien ha crecido en los últimos años, no tiene condiciones de sustituir el volumen de combustibles fósiles con el nivel actual de crecimiento en la demanda; es decir, no habrá viento y baterías suficientes, ni superficies de paneles solares que puedan dar abasto al estilo de vida predominante tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo.

La única salida posible a esta crisis va en el sentido de disminuir considerablemente la cantidad de energía requerida por persona, sin por ello colapsar el modelo económico.

Por ello, un cambio drástico en el modelo de negocio de toda empresa es requerido con urgencia. Es el principal reto que todo empresario se debe plantear para los próximos años.

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